Capitulo tercero

Donde se cuenta la graciosa manera que tuvo Don Quijote de armarse caballero y que la locura al igual que el razonamiento tiene principios

Hemos llamado ya varias veces caballero andante al señor Quesada, sabiendo que él mismo no se consideraba tal y hemos incluso omitido contarte que al salir de su pueblo, montado sobre Rocinante que andaba por donde creía que había el mejor pasto para satisfacer sus propios deseos y al mismo tiempo los de su señor porque entuertos a enderezar los había por todas partes, estuvo a punto de volver a casa porque, según el rigor de su locura, sí, las locuras suelen tener un rigor y no son tan flexibles como se cree, le faltaba un requisito primordial para poder llamarse caballero andante. Uno no puede hacerse caballero andante por propia voluntad; o sea, despertándose por la mañana y diciéndose con la cabeza todavía hundida en las almohadas: "A partir de hoy, soy caballero andante." Esto sería ridículo, imagínate cuantos caballeros andantes habría si la cosa fuese así de fácil. Pero era esto más o menos lo que había ocurrido y lo que obviamente no podía ser así. Imagínate que uno pudiese hacerse duque, conde o marqués a capricho. ¿Qué sentido tendrían entonces todos estos títulos nobiliarios? ¡Ninguno! Siempre tiene que haber alguien que otorgue estos títulos; y en el caso del caballero andante, otro caballero que te arme caballero.

Sí, yo sé lo que estás pensando ahora estúpido lector, imbécil idiota. Piensas que yo me contradigo, que acabo de decir que la fantasía forma la realidad a su gusto y que no hay ninguna razón que pudiese impedirle transformar la realidad como le diese la gana y que por lo tanto no tendría que tener ninguna importancia si alguien hubiese armado caballero o no a nuestro hidalgo.
¿Y tú quién eres para dudar de lo que digo yo, Miguel de Cervantes Saavedra, apogeo del ingenio español? ¿Qué hiciste en la vida para creer poder tener una opinión propia? Si yo te lo enseñara todo de golpe, la relación entre la locura y la razón, la relación entre la locura y el razonamiento sensato, el papel que juega la inteligencia, la relación entre la mayoría de los cuerdos y la minoría de los locos, la sabiduría del poeta y todo lo demás, si entrara en detalles sin darte los fundamentos, tú no comprenderías absolutamente nada. Tú estás aquí para escuchar lo que yo te digo y, a medida que avancemos, veremos lo que tu dura mollera es capaz de comprender y de esto dependerá cuándo y cómo te enseñamos los detalles. Pero para que no te desanimes, por ser tu pregunta no tan tonta, esta vez incluso te perdonaré. Notaste que hay una contradicción entre lo que hasta aquí hemos dicho y lo que planteamos en este momento. Que a pesar de estar loco, Don Quijote no puede transformar la realidad a su gusto y no puede por ejemplo ser caballero andante sin haber sido investido antes por alguien. Si lo dicho anteriormente fuese completamente cierto, podría pasarse de este detalle y su locura podría declararle caballero andante sin que fuese menester que alguien le armase caballero. Pero como vemos, no es así. Al señor Quesada le hacía falta que alguien le ayudase a armase caballero andante, no podía pasarse de este detalle. Dicha cuestión nos obliga a pensar de nuevo en la relación entre la locura y la realidad y vamos a ver que no hay diferencia alguna entre la locura y el raciocinio.
La misma cosa llamamos locura en la minoría y raciocinio en la mayoría y los únicos seres realmente sensatos son los burros, porque carecen tanto de la una como del otro, lo que no es ningún consuelo para ti, mi muy despreciado lector, porque tú eres de la especie de los burros humanos y esto es otro cuento. Para los burros humanos, o sea gente como tú, la realidad no es nada más que el reflejo de su locura o raciocinio. ¿No lo entiendes burro? Ah, me muero de risa. ¿Dudas de lo que digo yo, Miguel de Cervantes Saavedra, apogeo del ingenio español? ¿Quieres que te presente toda la complejidad del tema sin haberte preparado antes dándote algunas nociones generales? ¿Me reprochas haberme contradicho y ahora que la cosa se complica un poco, estás completamente confundido? Vamos a ver si encontramos alguna manera de inculcar algo de ciencia a tu cerebro. Lo haremos muy simple, para que tú lo puedas comprender.

La realidad no es lo que está ahí, la realidad es únicamente esa parte que tú quieres ver; y en tu caso, es sólo la parte que te conviene ver. Tu raciocinio o locura decide lo que te conviene ver y lo que más vale que no vea. Pero esta locura o este raciocinio tiene que ser un sistema estable, no puede cambiar cada cinco minutos, ofreciéndote primero una parte de la realidad y cinco minutos más tarde la otra. No se puede luchar en el ejército de Jesucristo y cinco minutos más tarde entrar en batalla bajo la bandera verde de Mahoma. Tanto en el raciocinio sensato como en la locura, tiene que haber orden. Si la locura o el raciocinio sensato ha puesto orden en las cosas, después ya no se puede cambiar y dentro de esta locura bien ordenada es preceptivo que los caballeros andantes, antes de entrar en batalla, tienen que ser armados por otros caballeros andantes o, mejor todavía, por el rey, luego no se puede cambiar esta regla por un mero antojo. Esto lo entiende hasta un burro como tú. Incluso tú entiendes que en una iglesia tiene que haber una cruz y en una mezquita tiene que haber un minarete que convoque a los creyentes. Ni siquiera un burro como tú dirá que éstos son pormenores sin importancia alguna y que igualmente se puede sustituir la cruz por un sabroso plátano y el minarete por un pepino tan verde como la bandera del islam. Y que tampoco se puede meter en la boca de María una sensual fresa o mandar a Mahoma al barbero. ¿Vale?, ¿ahora? ¿Ves?, tan difícil no era. Esto lo entiendes, ¿no? Tiene que haber orden en el mundo, porque con la cantidad de realidad que hay en esta tierra, nos perdiéramos por completo si no hubiera un orden establecido. Poco importa por lo tanto, que sea una locura ordenada o un raciocinio sensato bien ordenado, lo importante es que haya una orden.
Claro, que en el transcurso de la historia las locuras al igual que los raciocinios sensatos cambian, incluso las locuras se convierten en raciocinios sensatos y los raciocinios sensatos en locuras, pero orden siempre hay. Ésta es la única constante en la historia, el orden. Y si la locura ordenada dispone que un caballero andante tiene que ser armado caballero antes de entrar en batalla hay que hacerlo así.
Pero la historia de nuestro señor Quesada revela que ni siquiera esto es la verdad absoluta. Lo que, sabiendo que tú, mi querido lector, estás completamente confundido, lamento mucho, mas no tendría ningún sentido que yo hiciera un esfuerzo por inculcar en tu cabeza algo que te permita comprender el mundo, si de todas maneras no lo vas a entender nunca y te comportarás como cualquier chiquillo que va a la escuela y echa la culpa de su estupidez al maestro porque no es capaz de explicarle bien las cosas.
Aunque si utilizaras un poco tu propia cabeza, podrías adivinar la verdad por ti mismo. Pero eso es algo que te cuesta mucho, ya lo sé. Perteneces a esa gente - es fácil adivinar que perteneces a este grupo, porque todos pertenecen a este grupo - que prefiere rumiar lo que otra gente dijo, sean locuras o raciocinios sensatos, en vez de usar su propia cabeza, lo que suele ser un trabajo duro con el calor que hace.
Si no hubieses oído hablar sobre las hazañas de Don Quijote en una taberna, medio borracho, y si no te hubieses interesado sólo por las desgracias, las humillaciones y palizas que sufrió este caballero, habrías podido aprender todo lo que acabo de explicarte por tu propia cuenta y también habrías podido resolver este último problema.

Hemos dicho hasta ahora, que tanto la locura como el raciocinio sensato tienen que tener una lógica; si no lo comprendes, al menos deberías intuirlo, porque ejemplo claro te he dado y es que era perentorio que Don Quijote encontrara a un caballero para que lo armase caballero andante. Tú ya sabes que no había caballero andante en esta taberna, como no había enanos, doncellas ni músicos; así que había un problema. Esto es algo que ya tienes que ver sin que te lo explique pues es fácil. ¿Y? , dime…
¿Que qué problema había? ¡¡Madre mía, pero tú eres todavía más estúpido de lo que creía!!. Si no hay caballero, nadie podía armar caballero andante al señor Quesada. ¡Madre mía!, tantas veces y en tantas tabernas como has escuchado ya las proezas de Don Quijote ¿y nunca te has dado cuenta de ese problema?. ¿Ves? Si sólo buscas los regocijos baratos, serás un burro para toda la vida. Es a través de tu cabeza, utilizándola, dado que para eso está, como te conviertes en un ser humano.
Como no había caballero en esta taberna y probablemente no hubiera ningún caballero en toda la Mancha, era imposible respetar el orden de la locura o el orden loco. De modo, que el señor Quesada nunca habría podido hacerse caballero andante si la locura no fuera capaz de inventar artificios bastante descabellados para mantener un orden loco. Como no había caballero, la locura convirtió al tabernero en caballero y el señor Quesada, que dentro de poco llamaremos únicamente Don Quijote para respetar las locuras, se hincó delante del tabernero-caballero y le rogó que, con dos golpes de espada sobre sus hombros, lo armase caballero andante y éste, después de meditar un poco, acabó haciéndolo.

Desde un punto de vista moral, no hay nada que se pueda aducir en contra de este disparatado artificio sobre el cual se restableció el orden loco. Todo lo contrario. ¿A quién se le ocurriría condenar los artificios locos de la fe cristiana que sirven y sirvieron para restablecer la cristiana locura? Claro está que para nuestro señor Jesucristo no hubo manera de bajar a la tierra de no ser a través de una madre, pero igualmente cierto es que Dios, al contrario de Zeus que era mucho menos melindroso, no podía sentirse atraído por las bellezas femeninas; y por lo tanto, hizo falta la astucia loca que todos conocemos para mantener el orden cristiano. No, desde un punto de vista moral el comportamiento era muy correcto. El problema con los artificios locos es el mismo que con los sofismas, que sirven para restablecer el orden del raciocinio sensato. Una pequeña mentira aquí y allá y todo concuerda. El artificio loco, al igual que el sofisma, no es otra cosa que una mentira que no pone en peligro el orden establecido.
Pero si la parte mentirosa del orden establecido es más grande que la parte de la locura verdadera, entonces el artificio loco derriba el orden loco y la mentira loca se convierte en el nuevo orden, igual de loca que la anterior, si bien, de algún modo, distinta.

 

Drittes Kapitel

Wo von der anmutigen Art erzählt wird, wie Don Quijote zum Ritter geschlagen wurde und dass der Wahnsinn, wie auch die Vernunft, Prinzipien haben

Wir haben Herrn Quesada nun schon öfters fahrenden Ritter genannt, wohlwissend, dass dieser sich selbst noch gar nicht als einen solchen betrachtete und wir haben es sogar unterlassen, dir zu erzählen, dass er, als er geleitet von Rocinante, der dahin ging, wo er glaubte, das fetteste Weideland zu finden, um seine eigenen Bedürfnisse und damit auch die seines Herrn zu befriedigen, denn Unrecht, das zu rächen war, gab es überall, schon fast wieder nach Hause zurückgekehrt wäre, weil ihm, nach der strengen Logik seines Wahnsinns, ja, so ist das, auch der Wahnsinn hat eine feste Logik und ist nicht so biegsam, wie man glaubt, eine entscheidende Eigenschaft zur Ritterschaft fehlte. Niemand kann allein durch seinen eigenen Willen ein Ritter werden. Man kann also nicht morgens aufwachen und den Kopf noch im Kopfkissen sagen: "Ab heute bin ich ein fahrender Ritter." Das wäre lächerlich. Stell dir vor, wie viele fahrende Ritter es gäbe, wenn die Sache so einfach wäre. Aber das war mehr oder weniger das, was passiert war und was so nicht sein konnte. Stell dir vor man könnte Graf, Herzog oder Baron werden wie es einem gerade einfällt. Welchen Sinn hätten dann all diese Adelstitel? Keinen! Es muss immer einen geben, der diese Titel verleiht und im Falle eines fahrenden Ritters, muss es ein anderer fahrender Ritter sein, der dich zum fahrenden Ritter schlägt.

Ja, ich weiß was du jetzt denkst, Trottel von einem Leser, Rindvieh, Schwachkopf. Du denkst, dass ich mir widerspreche, da ich doch gesagt habe, dass die Phantasie die Realität nach ihrem Geschmack formt, und dass es deshalb keinen Grund gibt, der sie daran hindern könnte, die Realität so zu formen, wie es ihr Spaß macht und es folglich völlig egal ist, ob jemand unseren Ritter zum fahrenden Ritter schlägt oder nicht.
Und wer bist du, dass du an dem zweifelst, was ich, Miguel de Cervantes Saavedra, Gipfel des spanischen Genies, sage? Was hast du in deinem Leben erreicht, dass du glaubst, dir eine Meinung bilden zu können? Würde ich dir alles auf einen Schlag erklären, die Beziehung, die besteht, zwischen dem Wahnsinn und der Realität, zwischen dem Wahnsinn und der Vernunft, zwischen dem Wahnsinn und dem besonnenen Sinnen, die Rolle der Intelligenz, die Beziehung zwischen der Mehrheit der Besonnenen und der Minderheit der Verrückten, zwischen der Weisheit des Dichters und den anderen, wenn ich in die Details ginge, ohne dass ich vorher die Grundlagen gelegt hätte, würdest du gar nichts verstehen, absolut nichts. Du bist hier, um zu hören, was ich sage und in dem Maße, in dem wir voranschreiten, werden wir sehen, ob dein harter Schädel in der Lage ist, etwas zu verstehen und davon hängt es ab, wie und wann ich dich die Feinheiten lehre. Doch damit du nicht allen Mut verlierst und weil deine Frage nicht völlig blödsinnig ist, verzeihe ich dir dies eine Mal. Du hast bemerkt, dass zwischen dem, was wir bis jetzt gesagt haben und dem was wir jetzt vorfinden ein Widerspruch besteht. Dass Don Quijote die Realität nicht nach seinem Geschmack umformen kann, er beispielsweise kein fahrender Ritter sein kann, ohne dass er vorher von einem anderen dazu ernannt worden wäre. Wenn das, was zuvor gesagt wurde, die ganze Wahrheit wäre, dann könnte er über dieses Detail hinweggehen und sein Wahnsinn könnte ihn zum fahrenden Ritter machen, ohne dass es nötig wäre, dass irgendjemand ihn vorher zum Ritter geschlagen hat. Wir sehen jedoch, dass dem nicht so ist. Herr Quesada brauchte jemanden, der ihm half, ein fahrender Ritter zu werden, er konnte über dieses Detail nicht hinwegsehen. Dieses Detail zwingt uns, über den Zusammenhang zwischen Wahnsinn und Vernunft noch mal nachzudenken und wir werden sehen, dass es zwischen dem Wahnsinn und dem Verstand keinen Unterschied gibt.

Derselbe Sachverhalt heißt Wahnsinn bei der Minderheit und Verstand bei der Mehrheit und die einzigen Wesen, die wirklich besonnen sind, sind die Esel, weil die sowohl das eine, wie auch das andere entbehren, was aber für dich kein Trost ist, mein gering geschätzter Leser, denn du bist von der Sorte der menschlichen Esel und das ist eine andere Geschichte. Für die menschlichen Esel, oder für Leute wie dich, ist die Realität nichts anderes als das Spiegelbild ihres Wahnsinns oder ihres Verstandes. Das verstehst du nicht, Esel? Ich lach mich tot. Du zweifelst an dem, was ich, Miguel de Cervantes, Gipfel des spanischen Genies, sage? Du willst, dass ich dich in die ganze Komplexität des Themas einführe, ohne dir vorher einige allgemeine Vorstellungen davon gegeben zu haben? Du wirfst mir vor, dass ich mir widerspreche und jetzt, wo die Sache ein bisschen komplizierter wird, bist du völlig verwirrt? Wir wollen mal sehen, ob wir eine Möglichkeit finden, ein bisschen Wissenschaft in dein Gehirn zu pressen. Wir machen es ganz einfach, damit du es verstehen kannst.

Die Realität ist nicht einfach das, was da ist, die Realität ist der Teil, den du sehen willst; und in deinem Fall ist es allein, den zu sehen dir zusagt. Dein Verstand oder dein Irrsinn entscheidet darüber, was zu sehen gut für dich ist und was du besser nicht siehst. Doch dieser Wahnsinn oder dieser Verstand muss ein stabiles System haben, er kann sich nicht alle fünf Minuten ändern, indem er dir zuerst einen Teil der Realität anbietet und fünf Minuten später den andern. Man kann nicht im Heer des Herrn Jesus Christus kämpfen und fünf Minuten später unter dem grünen Banner von Mohammad in die Schlacht ziehen. Im besonnen Verstand wie im Wahnsinn muss es eine Ordnung geben. Wenn der Wahnsinn oder die besonnene Vernunft die Dinge geordnet hat, dann kann man das nachträglich nicht mehr ändern und innerhalb des ordentlichen Wahnsinns ist es zwingend notwendig, dass die fahrenden Ritter, bevor sie in die Schlacht ziehen, von anderen Rittern zu Rittern, oder besser noch vom König, zu Rittern geschlagen werden. Diese Regel kann man nachher nicht mehr nach Gutdünken ändern. Das versteht auch ein Esel, wie du einer bist. Auch du verstehst, dass in einer Kirche ein Kreuz sein muss und in einer Mosche ein Minarett, welches die Gläubigen ruft. Nicht mal ein Esel wie du wird behaupten, dass dies Kleinigkeiten ohne jede Bedeutung sind, und dass man das Kreuz genau so gut durch eine schmackhafte Banane und das Minarett durch eine Gurke so grün wie die Fahne des Islams austauschen kann. Man kann auch nicht in den Mund Marias eine sinnliche Erdbeere stecken oder Mohammad zum Barbier schicken. Verstanden? Endlich? Siehst du, so schwierig war das gar nicht. Das verstehst du, nicht? Es muss eine Ordnung auf der Erde geben, weil wir uns bei einer solchen Menge an Realität, wie sie auf dieser Welt existiert, völlig verlieren würden, wenn es keine Ordnung gäbe. Es ist also völlig unwichtig, ob es ein ordentlicher Wahnsinn ist oder eine besonnene, ordentliche Vernunft, wichtig ist nur, dass alles eine Ordnung hat.

Hierbei ist natürlich völlig klar, dass im Verlaufe der Geschichte sowohl die Verrücktheiten wie auch die besonnene Vernunft sich ändern, der Wahnsinn zur besonnenen Vernunft und die besonnene Vernunft zum Wahnsinn werden kann, aber immer herrscht eine Ordnung. Dies ist die einzige Konstante in der Geschichte, die Ordnung. Wenn nun also der Wahnsinn vorschreibt, dass ein fahrender Ritter, bevor er in die Schlacht zieht, zum Ritter geschlagen werden muss, dann muss man das auch so machen.

Doch die Geschichte unseres Herrn Quesada offenbart, das auch dies nicht die ganze Wahrheit ist. Ich weiß wohl, dass du, mein verehrter Leser, vollkommen verwirrt bist, es tut mir sehr leid, aber es hätte jedoch keinen Sinn, mich anzustrengen, irgendetwas in deinen Schädel zu hämmern, was es dir erlauben würde, die Welt zu verstehen, wenn du es ohnehin nie begreifen wirst und dich wie irgendein kleiner Junge benehmen wirst, der in die Schule geht und dem Lehrer die Schuld an seiner Dummheit gibt, weil er nicht fähig ist, gut zu erklären.

Hättest du aber deinen eigenen Kopf benutzt, dann könntest du die Wahrheit auch selber herausfinden. Doch dies ist etwas, was dich anstrengt, ich weiß das sehr wohl. Du gehörst zu jenen Leuten - es ist leicht, herauszufinden, dass du zu dieser Gruppe gehörst, weil alle zu dieser Gruppe gehören - die es vorziehen, das wiederzukäuen, was andere Leute sagten, egal ob es sich hierbei um Verrücktheiten oder besonnene Gedankengänge handelt, anstatt ihren eigenen Kopf zu benutzen, was ja bei dieser Hitze anstrengend ist.

Wenn du von den Heldentaten des Don Quijote nicht in einer Kneipe gehört hättest, halb besoffen, und wenn du dich nicht nur für die Missgeschicke, die Erniedrigungen und die Tracht Prügel, die dieser Ritter erlitt, interessiert hättest, dann hättest du dir all das, was ich dir erklärt habe, auch selber erklären können und auch dieses letzte Problem, hättest du selber lösen können.

Wir haben bis jetzt gesagt, dass es sowohl im Wahnsinn wie auch beim besonnen Denken eine Logik geben muss. Wenn du es auch nicht verstehst, so wirst du es zumindest ahnen, denn ich habe dir genug Beispiele gegeben. Folglich war es auch unabdingbar, dass Don Quijote einen Ritter findet, der ihn zum Ritter schlägt. Du weißt aber bereits, dass in dieser Kneipe keinen fahrenden Ritter gab, genauso wenig wie Zwerge, Jungfrauen, Musiker und somit ergab sich ein Problem. Das ist etwas, was du einsehen musst, ohne dass ich es dir erkläre, denn es ist einfach. Und? Sag mir...

Welches Problem gab es? Mein Gott du bist noch blöder, als ich glaubte. Wenn es keinen Ritter gibt, dann konnte auch niemand den Herrn Quesada zum Ritter schlagen. Mein Gott, so oft und in so vielen Kneipen hast du diesen Heldentaten des Don Quijote zugehört und hast dieses Problem noch nie bemerkt? Siehst du? Wenn du nur die billigen Vergnügungen suchst, wirst du dein ganzes Leben lang ein Esel sein. Durch deinen Kopf, dafür ist er da, wirst du zu einem menschlichen Wesen.

Da es in der Kneipe keinen Ritter gab und vermutlich gab es in der ganzen Mancha keinen solchen, war es unmöglich, den Regeln der fahrenden Ritter Folge zu leisten. Herr Quesada hätte also nie ein fahrender Ritter werden können, wenn der Wahnsinn nicht in der Lage gewesen wäre, ziemliche tollkühne Kunstgriffe zu erfinden, um die verrückte Ordnung aufrechtzuerhalten. Da es keinen Ritter gab, erklärte der Irrsinn den Kneipenwirt zum Ritter und Herr Quesada, den wir bald nur noch Don Quijote nennen werden, kniete sich vor dem ritterlichen Kneipenwirt hin und bat ihn, ihn mit zwei Schlägen mit dem Schwert zum fahrenden Ritter zu schlagen, was dieser, nachdem er kurz darüber nachgedacht hatte, auch tatsächlich tat.

Moralisch kann gegen diesen verrückten Kunstgriff, der dazu diente, die verrückte Ordnung aufrechtzuerhalten, nichts eingewendet werden. Ganz im Gegenteil. Wem käme es in den Sinn, die verrückten Kunstgriffe zu verdammen, mit denen der christliche Glaube die christliche Verrücktheit aufrecht erhält? Es ist klar, dass es für unseren Jesus Christus nur eine Möglichkeit gab, auf die Erde hinabzusteigen, nämlich über eine Mutter. Doch gleichermaßen wahr ist, dass sich Gott, ganz im Gegensatz zu Zeus, der weit weniger zimperlich war, von den weiblichen Reizen nicht angezogen fühlte, so dass es dieser verrückten List bedurfte, die wir alle kennen, um die christliche Ordnung aufrechtzuerhalten. Nein, vom moralischen Standpunkt aus gesehen, war das Verhalten vollkommen korrekt. Das Problem mit den verrückten Kunstgriffen ist das Gleiche, wie mit den Sophismen, die dazu dienen, den besonnen Verstand aufrechtzuerhalten. Ein kleine Lüge hier und da und alles passt zusammen. Der verrückte Kunstgriff, wie auch der Sophismus, ist nichts anderes als eine Lüge, die die etablierte Ordnung nicht bedroht.

Wenn jedoch der Anteil an Lüge der etablierten Ordnung größer ist, als der eigentliche Irrsinn, dann zerstört der verrückte Kunstgriff die verrückte Ordnung und die verrückte Lüge wird zur neuen Ordnung, gleichermaßen verrückt wie die vorherige, doch auf gewisse Weise anders.