Capitulo décimo

Donde otra vez se analiza la locura

Tantas veces se ha dicho, que ya todo el mundo lo tiene por cierto. Los libros de caballería eran los culpables.
Lo dijo el cura, lo dijo el barbero y a los otros libros, éstos de caballería tampoco les parecían una compañía decente. Se alaba por esto a Don Quijote y es el único mérito que los tontos le conceden, que su ejemplo sirvió para terminar con estos libros. Que su ejemplo fuese advertencia para todos aquellos que por estos libros se sientan atraídos. Se habían formado hogueras en toda España quemando estos libros, los padres los arrancaban de las manos de sus hijos, los maestros en las escuelas castigaban a sus alumnos, si se percataban de que habían salvado alguno de estos libros de la hoguera. Nadie podía decir nada en defensa de estos libros. Inútil era bajar a la calle y decir:

- ¡Atención! No hay que confundir los síntomas con la enfermedad. Para nada sirve combatir los síntomas, si no hay medicina contra la enfermedad!

Todo habría sido en vano.
Sí, sí, no cabe duda. La de nuestro caballero era una locura muy loca, porque un caballero andante inexistente luchaba contra entuertos inexistentes. Y eso es muy loco, no cabe la menor duda. Tanto lo bueno como lo malo sale del mismo pecho. Pero en el corazón humano, tan profundo como el firmamento, hay de todo. Y si un caballero existente pelea contra un entuerto existente, ¿entonces no es locura? Y quién te dirá, si un entuerto es existente o inexistente. Lo que tú llamas existente, el otro lo llamará inexistente y de esta manera siempre habrá locos.
Sí, sí, esto de luchar contra molinos de viento es un poco fuerte, sí, sí, esto es una locura.

¿Y si Don Quijote hubiese sido, como sus modelos, un caballero existente que luchaba contra entuertos existentes; entonces, dirías tú, que no habría sido un loco. ¿Y qué dirías si este mismo motivo lo hubiera incitado a cometer agravios o ultrajes?
Sí, sí tu eres un buen chico, ya lo sé. ¿Pero se puede igualmente decir que el motivo mismo ya es una locura? Si eres realmente un buen chico convendrás conmmigo en que algo tienen en común Alejandro el Grande - sí, sí, así lo llaman - y Don Quijote, ¿no?. El último es un caballero inexistente que enderezó entuertos inexistentes porque se aburría de lo lindo y el otro fue un caballero existente que cometió entuertos existentes, porque su aldea en Macedonia era demasiado pequeña para un corazón tan grande. ¿Qué? ¿Qué llevó la cultura griega a los persas y a los judíos, a la India y a los egipcios? ¿Que por eso es grande? ¡Bah! Pregunta a los persas, egipcios y judíos, qué opinan de esto.
Bueno, no trataré de convencerte, yo no soy ningún caballero andante que lucha contra molinos, me parece heroico, por razones que he descrito antes, pero yo no estoy aquí para estas cosas. Si tú crees que el motivo de ganarse la fama eterna es honesto, si un caballero existente comete entuerto y, en cambio, es una locura si un caballero inexistente endereza entuertos inexistentes,¡¡créelo!!. Mas no me dirás que eres un buen chico que tiene el corazón en el sitio justo. ¿Quieres saber lo que pienso yo de toda esta historia?

A mí me parece una locura que en todas las escuelas de España se presente como modelos a estos caballeros existentes que cometieron entuertos; que se estudien sus hazañas, se analicen sus pensamientos; que de todos estos Don Quijotes en las escuelas, en las universidades, en las casas de los nobles se cuenten con ojos que brillan de entusiasmo sus batallas, porque muy al contrario de nuestro Don Quijote, sometieron a enemigos muy reales. ¡Ya verás! Un día no muy lejano, Alejandro y César caerán en el olvido y nadie se reirá de Don Quijote, porque en su fracaso nos muestra algo verdadero, el fracaso eterno que sufrimos todos, mientras que los primeros, tratando de dejar rastro en la historia, dejaron nada más que una gran mentira, alejada de nuestra realidad.

Tantas facetas tiene la locura como profundidad el alma humana. De cada pliegue de esa alma donde una pasión se esconde, puede surgir una locura del mismo modo que desde cualquier parte de las profundidades del firmamento puede aparecer una estrella fugaz; y como la estrella fugaz nos revela parte de la estrella de la que se había desprendido, cada locura nos muestra un anhelo, un deseo. Si los anhelos no disponen de las fuerzas que necesitan, nacen locuras. Grandes almas, que rara vez disponen de las fuerzas que sus anhelos necesitan, producen grandes locuras.
Tantas locuras hay como flores y maleza. Hermosas locuras hay. Hermosa locura aquélla con la cual el poeta la belleza femenina adora, cuando no se sabe si la belleza reside en el sujeto o en el objeto, siendo el objeto de una belleza muda en la cual el poeta se refleja, queriendo perecer por no tenerla toda. Fea aquella locura, que cara de envidia tiene, que no teniendo el anhelo las fuerzas que requiere, envidia a aquél, que supone las tiene.
Cambian los tiempos y con ellos las locuras, porque con el avance del tiempo, cambian los anhelos. Algunos, que el raciocinio sepultaba, despiertan; y otros que eran guías como las estrellas para el navegante, desaparecen, despertando algunas locuras y sepultando otras. Las locuras ya no son locuras, si los locos las miran. Y las locuras son locuras, cuando otras locuras se imponen. Para navegar en el mar de la vida, hay que ser loco, porque únicamente un loco, tiene una meta. En el infinito, la locura crea un marco, nos esconde lo infinito que sobre nuestras cabezas en el firmamento soportamos, pero jamás en la Tierra.

Abre horizontes la locura, cuando la realidad desdeña. Algunos son locos, porque a otros imitan; y otros son locos, porque a otros no entienden y por otros no son entendidos. Detrás de la locura, hay un color que la tiñe, una música a cuyo ritmo baila. Locas son las palabras, cuando la realidad disfrazan y más locas aún, cuando de ella se desprenden. Tantas facetas tiene la locura como profundidad el alma humana. Esto te lo digo yo, Miguel de Cervantes Saavedra, apogeo del ingenio español, para que tú lo aprendas.

Hemos dicho ya que a primera vista no parecía muy verosímil que Sancho Panza hubiera seguido a Don Quijote, por lo cual hemos estudiado esto más detalladamente y hemos podido comprobar que en la historia, la única fuente que nos permite saber qué comportamiento es verosímil y cual inverosímil, hubo casos similares, aunque no iguales, porque la historia no se repite nunca, porque si se repitiera, no sería historia.
¿Pero qué oímos en las tabernas?

- Ay, este Sancho Panza - oímos - ¡que tonto es, cómo pudo creer las tonterías que le contaba este señor.

Diciendo esto, estos borrachos sugieren que les parece inverosímil que alguien pueda cometer semejante tontería o que les parece un caso muy singular, nada típico. Mas si no fuera típico, no sería interesante, porque solo lo típico revela algo sobre el género humano. Y además, cómo explicarse que todos se interesen por esta historia. ¿Nos interesamos acaso por algo que no nos concierne? ¡No!
Claro, que los borrachos de las tabernas que tanto se divertían al oír lo tonto que era Sancho Panza no se daban cuenta de ello, pero sus tripas sentían que ellos también se comportaban como Sancho Panza y si se hubiesen dado cuenta de ello, no en las tripas, sino en el entendimiento, se habrían avergonzado y en lugar de reírse de esta historia, habrían preferido no oírla en absoluto, porque a nadie le gusta ver sus miserias reflejadas en un cuento. Preferimos las historias que mienten, que esconden el motivo verdadero de nuestros actos, que con un tinte humorístico deja tranquilo nuestro interior y en toda su grandeza describen lo que hay de bueno en el corazón, que engrandecen lo poco de bueno que hay, y pasan por alto, lo mucho que hay de malo.

Sí, lo admitimos, no es una prueba tan contundente ésta de la verosimilitud de la personalidad de Sancho Panza como lo era la prueba histórica. Pero si toda España se interesa por Sancho Panza, de esto estamos completamente convencidos, es porque sabían que todos son un poco sanchopanzas lo que confirma a su vez, la veracidad del comportamiento de éste. ¿Acaso no creen las tonterías que cuenta un político quijotesco? Cuanto más promete, más lo creen. ¿No odian a quien dice la verdad? Sí, sí, sí. Una vez comprobada la falsedad de las promesas, corren ríos de tinta, claro y entonces resulta que todos sabían desde el principio que eran hueras todas las promesas, que ya lo habían dicho y escrito, y que era muy fácil saber que eran tonterías. Pero un par de meses más tarde, otro político hace otras promesas y el juego se repite.
¿No sabemos todos que la lotería no puede funcionar? Haciéndose pobres muchos, muy pocos se enriquecen. Sin embargo cuán dulce es la vana esperanza, cuando nada de la fuerza de nuestros brazos esperamos. Qué cómodo es elegir la fortuna antes que el trabajo. Con qué facilidad se cede, cuando la razón dice no hay esperanza alguna y las tripas gritan que debe de haber una.
¡Ay pueblo español! Os reís de Sancho Panza para no sentir vergüenza.

Habiendo visto Sancho Panza que su señor había triunfado, le advirtió que no olvidara la isla que le debía, creyendo que debía haber una relación entre este triunfo y las islas que le había prometido, a lo cual Don Quijote le respondió que eso de la isla era lo de menos y que más tarde podría hacerse también rey de Dinamarca o Solidiasa, que le quedarían como anillo al dedo. No estando muy convencido Sancho Panza de que estas tierras un día llegaran a pertenecerle, tampoco quería que la ocasión se le escurriese de las manos. Seguía a Don Quijote porque no tenía otra cosa mejor que hacer y ninguna oportunidad que perder.
Cuando era hora de merendar no se sentía obligado a darle algo de sus víveres a Don Quijote, por lo cual le dijo, que solo traía pan, cebollas y queso y que éstos no eran manjares para un caballero andante. Mal conocía Sancho Panza las leyes de la caballería, Don Quijote lo puso al día diciéndole que el mayor honor de los caballeros andantes era renunciar a todas las delicias de las que el hombre dispone y que por lo tanto no había problema ninguno y podía darle algo de lo que traía.

De ambas locuras os reís y ambas carcajadas son vuestra vergüenza. Os reís de Don Quijote porque no podéis comprender que una alma que aspira a la vida plena no pudiera ser feliz en un pueblo de la Mancha. Don Quijote acepta las duras leyes de la caballería, el velar de noche y el ayuno, el quebranto y el cansancio para tener la vida plena. No rehuye del trabajo, su deseo es infinito. A éste, ni siquiera lo entendéis. Al otro, a vuestro semejante, lo comprendéis, porque lo mismo que vosotros espera: lo que tiene delante de los ojos, lo quiere tener y lo que se encuentra más allá de lo que ve, ni lo nota. Su locura es querer lo que ve, pero sin esfuerzo.


 

Kapitel zehn

Wo die Verrücktheit noch einmal analysiert wird

So oft hat man es gesagt, dass alle Welt es nun für wahr hält. Die Ritterbücher sind die Schuldigen.

Der Pfarrer hat es gesagt, der Barbier hat es gesagt und den anderen Büchern erschienen die Ritterbücher auch kein angemessener Umgang. Deswegen lobt man Don Quijote und der einzige Verdienst, den man ihm zugesteht, ist der, dass er mit diesen Büchern kurzen Prozess gemacht hat. Dass sein Beispiel als Warnung dient für all jene, die sich von diesen Büchern angezogen fühlen. Man hatte in ganz Spanien Scheiterhaufen errichtet und diese Bücher verbrannt, die Väter rissen sie ihren Kindern aus den Händen, die Lehrer in der Schule bestraften ihre Schüler, wenn sie sahen, dass sie eines dieser Bücher vor dem Scheiterhaufen gerettet hatten. Niemand konnte mehr etwas zur Verteidigung dieser Bücher sagen. Es war sinnlos, auf die Straße zu gehen und zu sagen:“Achtung! Man soll die Symptome nicht mit der Krankheit verwechseln. Es nützt nichts, die Symptome zu bekämpfen, wenn es keine Medizin für die Krankheit gibt.“

Alles wäre vergeblich gewesen.

Ja, ja, daran besteht kein Zweifel. Die Verrücktheit unseres Ritters war schon ziemlich verrückt, weil ein nicht existierender fahrender Ritter gegen nicht existierendes Unrecht kämpfte. Das ist schon ziemlich verrückt, daran besteht kein Zweifel. Das Gute wie das Schlechte kommt aus demselben Herzen, doch im menschlichen Herzen, tief wie der Sternenhimmel, gibt es alles. Was wäre, wenn ein existierender fahrender Ritter gegen ein existierendes Unrecht kämpfen würde? Ist es dann nicht verrückt? Und wer sagt dir, ob ein Unrecht existiert oder nicht? Was für dich existiert, existiert für einen anderen nicht, so dass es immer Verrückte gibt.

Ja, ja, das mit dem Kampf gegen Windmühlen war ein bisschen heftig, ja, ja, das ist eine Verrücktheit.

Was aber, wenn Don Quijote, wie seine Vorbilder, ein existierender fahrender Ritter gewesen wäre, der gegen existierendes Unrecht kämpft? Dann würdest du sagen, dass er kein Verrückter war. Was aber, wenn das gleiche Motiv ihn veranlasst hätte, Unrecht zuzufügen?
Ja, ja, du bist ein guter Junge, das weiß ich schon. Doch kann man sagen, dass schon das Motiv eine Verrücktheit ist? Wenn du wirklich ein guter Junge bist, dann wirst du mit mir übereinstimmen, dass Don Quijote und Alexander der Großen etwas gemeinsam haben, ja, ja, so nennen sie ihn, den Großen. Der erste war ein nicht existierender Ritter, der nicht existierendes Unrecht rächte, weil er sich zu Tode langweilte und der andere war ein existierender Ritter, der existierendes Unrecht zufügte, weil sein Dorf in Mazedonien zu klein war für sein großes Herz. Was? Er hat die griechische Kultur zu den Persern, den Juden, nach Indien und nach Ägypten gebracht? Deswegen ist er groß? Bah! Frag mal die Perser, Ägypter und Juden, was sie darüber denken.

Ich werde nicht versuchen, dich zu überzeugen, ich bin kein fahrender Ritter, der gegen Windmühlen kämpft, es erscheint mir heroisch, aus Gründen, die ich oben beschrieben habe, aber deswegen bin ich nicht hier. Wenn du glaubst, dass das Motiv, sich ewigen Ruhm zu erlangen, ehrenhaft ist, wenn ein existierender Ritter Unrecht zufügt, aber eine Verrücktheit, wenn ein nicht existierender Ritter nicht existierendes Unrecht rächt, dann glaub es! Behaupte aber dann nicht mehr, dass du ein guter Junge bist, mit dem Herzen auf dem rechten Fleck. Willst du wissen, was ich von der ganzen Angelegenheit halte?

Es erscheint mir verrückt, dass man in allen Schulen Spaniens diese Ritter, die Unrecht zufügten, als Vorbilder hinstellt, dass man ihre Heldentaten studiert, ihre Gedanken analysiert, dass man von all diesen Don Quijotes in den Schulen, den Universitäten, in den Häusern der Adeligen mit vor Begeisterung leuchtenden Augen von ihren Schlachten erzählt, weil sie, ganz anders als unser Don Quijote, wirkliche Feinde niedergeworfen haben. Du wirst es noch erleben! In einer nicht mehr allzu fernen Zukunft! Alexander und Cäsar werden der Vergessenheit anheimfallen und niemand wird mehr über Don Quijote lachen, denn in seinem Scheitern zeigte er uns etwas Wahrhaftiges, das ewige Scheitern, das wir alle erleben, während die ersteren, die versuchten eine Spur in der Geschichte zu hinterlassen, nur eine Lüge hinterließen, die von unserer Realität weit entfernt ist.

So viele Facetten hatte die Verrücktheit, wie Tiefe die menschliche Seele. Aus jeder Falte dieser Seele, wo eine Leidenschaft sich versteckt, kann eine Verrücktheit entstehen, wie von jedem Punkt des Firmaments sich eine Sternschnuppe lösen kann; und ganz so, wie die Sternschnuppe auf einen Stern verweist, von dem sie sich gelöst hat, so zeigt uns jede Verrücktheit eine Sehnsucht. Verfügen die Sehnsüchte nicht über die Kraft, die sie benötigen, dann entstehen die Verrücktheiten. Große Seelen, die selten über die Kraft verfügen, die sie benötigen, produzieren große Verrücktheiten.

So viele Verrücktheiten gibt es, wie Blumen und Unkraut. Schöne Verrücktheiten gibt es. Schön ist jene Verrücktheit, mit der der Dichter die Schönheit einer Frau besingt, wenn man nicht weiß, ob die Schönheit im Subjekt oder Objekt sich befindet, da das Objekt eine stumme Schönheit ist, in der sich der Dichter spiegelt, von dem Wunsch beseelt, zu vergehen, um sie ganz zu besitzen. Hässlich ist die Verrücktheit, die aussieht wie Neid, bei der die Sehnsucht nicht die Kraft hat, die sie braucht, den zu beneiden, von dem sie glaubt, dass er sie hat.

Die Zeiten ändern sich und mit diesen die Verrücktheiten, denn mit den Zeiten ändern sich auch die Sehnsüchte. Manche, die ein Gedankengebäude unter sich begraben hatten, erwachen und andere, die ganz so wie die Sterne den Schiffen Orientierung gaben, verschwinden, wobei neue entstehen und andere verschwinden. Die Verrücktheiten sind nicht mehr verrückt, wenn ein Verrückter sie betrachtet. Um auf dem Meer des Lebens zu segeln, muss man verrückt sein, denn nur der Verrückte, hat ein Ziel. In der Unendlichkeit steckt die Verrücktheit einen Rahmen ab, der die Unendlichkeit, die wir über uns am Firmament ertragen, aber nie auf der Erde, verbirgt.

Die Verrücktheit öffnet Horizonte, wenn sie die Realität verachtet. Manche sind verrückt, weil sie andere nachahmen und andere sind verrückt, weil sie andere nicht verstehen und von anderen nicht verstanden werden. Hinter jeder Verrücktheit gibt es eine Farbe, die sie einfärbt, eine Musik, nach deren Rhythmus sie tanzt. Verrückt sind die Wörter, wenn sie die Wahrheit verhüllen und noch verrückter, wenn sie sich von dieser lösen. So viele Facetten hat die Verrücktheit, wie die menschliche Seele Tiefe. Das sag ich dir, Miguel de Cervantes Saavedra, Gipfel des spanischen Genies, damit du es lernst.

Wir haben bereits gesagt, dass es erstmal nicht besonders wahrscheinlich erscheint, dass Sancho Panza Don Quijote gefolgt sei, weshalb wir dies näher untersucht und haben beweisen können, dass es in der Geschichte, der einzigen Quelle, die es uns erlaubt zu sagen, ob ein Verhalten wahrscheinlich oder unwahrscheinlich ist, bereits solche Fälle gab, die, wenn auch nicht identisch, denn die Geschichte wiederholt sich nie, würde sie dies tun, wäre es keine Geschichte, so doch ähnlich waren.

Doch was hören wir in den Kneipen?

„Au weia, dieser Sancho,“ hören wir, „was für ein Dummerchen, wie konnte der an die Dummheiten dieses Herrn glauben.“

Wenn sie dies sagen, geben sie zu verstehen, dass es ihnen unwahrscheinlich erscheint, dass jemand eine solche Dummheit begehen könne oder dass es ihnen als ein Einzelfall erscheint, nichts, was typisch ist. Wenn es jedoch nicht typisch wäre, dann wäre es nicht interessant, denn nur das Typische offenbart etwas über das menschliche Geschlecht. Und wie soll man sich dann erklären, dass sich alle für diese Geschichte interessieren? Interessieren wir uns etwa für Dinge, die uns nichts angehen? Nein!

Natürlich bemerkten die Besoffenen in den Kneipen, die sich über die Dummheiten von Sancho Panza lustig machten, dies nicht, doch ihre Eingeweide spürten, dass auch sie sich verhielten wie Sancho Panza und wenn ihnen dies bewusst geworden wäre, nicht in den Eingeweiden sondern im Verstand, dann hätten sie sich geschämt und anstatt über die Geschichte zu lachen, hätten sie es vorgezogen, sie überhaupt nicht zu hören, denn niemandem gefällt es, sein Elend in einer Geschichte gespiegelt zu sehen. Wir ziehen die Lügengeschichten vor, die das eigentliche Motiv unseres Tuns verschleiern, die mit Humor, der unseren Seelenfrieden nicht angreift, in aller Herrlichkeit beschreiben, was an Gutem in unserem Herzen liegt, dieses vergrößern und das, was sich an Schlechtem darin befindet, ignorieren.

Ja, wir geben es zu, dies ist kein so schlagender Beweis für die Wahrscheinlichkeit der Persönlichkeit von Sancho Panza, wie der Beweis, den die Geschichtswissenschaft liefert. Doch wenn ganz Spanien sich für Sancho Panza interessiert, dessen sind wir uns sicher, dann deshalb, weil alle wissen, dass sie ein bisschen wie jener sind, was wiederum zeigt, wie wahrscheinlich dieser doch ist. Glauben sie etwas nicht die Dummheiten, die ein quijotesker Politiker ihnen erzählt? Je mehr er verspricht, desto mehr glauben sie. Hassen sie nicht den, der die Wahrheit sagt? Ja, ja, ja. Wenn sich gezeigt hat, wie leer diese Versprechen waren, dann fließt die Tinte in Strömen und es zeigt sich, natürlich, dass alle schon von vorneherein von dieser Leerheit der Versprechen überzeugt waren, dass sie es schon immer gesagt und geschrieben hatten, und dass es ganz einfach gewesen sei, einzusehen, dass es dummes Zeug ist. Doch nur wenige Monate später, verspricht ein anderer Politiker etwas anderes und das Spiel beginnt von vorne.

Wissen wir nicht alle, dass die Lotterie nicht funktionieren kann? Dass sie Viele arm und nur sehr Wenige reich macht? Doch wie süß ist die leere Hoffnung, wenn man von der Kraft seiner Arme nichts erwarten kann. Wie bequem ist es, das Glück anstatt der Arbeit zu wählen. Wie leicht gibt man nach, wenn der Verstand sagt, es gibt keine Hoffnung und die Gedärme schreien, dass es eine geben müsse.

Oh, spanisches Volk! Ihr lacht über Sancho Panza, um keine Scham zu spüren.

Da Sancho Panza gesehen hatte, dass sein Herr einen Sieg davon getragen hatte, erinnerte er ihn daran, dass er die Insel nicht vergessen solle, da er glaubte, dass zwischen diesem Sieg und den versprochenen Inseln eine Beziehung existieren müsse, worauf Don Quijote antwortete, dass das mit der Insel kein Problem sei und dass er auch König von Dänemark oder Solidiasa werden könne, was hervorragend zu ihm passen würde. Zwar war Sancho Panza nicht davon überzeugt, dass diese Inseln ihm eines Tages gehören könnten, andererseits wollte er sich diese Chance auch nicht durch die Finger schlüpfen lassen. Er folgte Don Quijote, weil er nichts Besseres zu tun und nichts zu verlieren hatte.
Als es Essenszeit war, sah er sich nicht verpflichtet, Don Quijote etwas von seinem Proviant abzugeben, weshalb er ihm sagte, dass er nur Brot, Zwiebeln und Käse bei sich habe, was ja keine Speisen für einen fahrenden Ritter seien. Doch er hatte keine Ahnung von den Regeln der fahrenden Ritter und Don Quijote klärte ihn auf, indem er ihm sagte, dass es die größte Ehre der fahrenden Ritter sei, auf alle Vergnügungen, die einem Menschen zur Verfügung standen, zu verzichten und es deswegen überhaupt kein Problem wäre, wenn er ihm etwas von dem, was er mit sich brachte, abgäbe.

Ihr lacht über beide Verrücktheiten und beide sind eure Scham. Über Don Quijote lacht ihr, weil ihr nicht verstehen könnt, dass eine Seele, die nach der Fülle des Lebens strebt, in einem Dorf in La Mancha nicht glücklich sein kann. Don Quijote akzeptiert die harten Regeln der Ritterschaft, nachts zu wachen, das Fasten, die Erschöpfung, die Müdigkeit, um zur Lebensfülle zu gelangen. Er flüchtet sich nicht vor der Arbeit, seine Sehnsucht ist unendlich. Ihn, könnt ihr nicht mal verstehen. Den anderen, euern Gleichgesinnten, den versteht ihr, denn er will das Gleiche wie ihr. Er will das haben, was er vor Augen hat und was sich weiter weg befindet, sieht und bemerkt er nicht. Seine Verrücktheit ist, das haben zu wollen, was er sieht, aber ohne zu arbeiten.