Capítulo décimo primero

De lo que le sucedió a Don Quijote con unos cabreros

Tantas locuras hay, como pliegues en el alma humana donde las pasiones se esconden. ¡Ay, estúpido lector, qué burro que eres! Ya crees que has aprendido tanto sobre locuras, que sabes qué relación con la realidad tienen. Crees poder distinguir entre las fantasías de un Sancho Panza y las de un Don Quijote, crees que algo ves de la fuerza de la locura. Crees saber algo.
Tan profundo es el corazón humano como hondo el firmamento. De un pozo profundo viene la locura, un pozo profundo que jamás una palabra humana ha iluminado o esclarecido. De la nada, no nace nada. Esto es lo que se dice y esto es lo que se cree; pero las pasiones, fuente de la locura, de la nada nacen. De la nada nace el amor y de la nada surge el sentimiento por la belleza. De modo que preguntar por qué se ama o por qué es bella una cosa, es como preguntar, quién fue la madre de Dios. Estas locuras, y sobre todo la primera, a pesar de que nacen de la nada, producen toda clase de locuras. Mira esta historia que en los próximos cuatro capítulos se cuenta y verás.

Cabalgando y discutiendo, si discusión puede llamarse a una plática en la cual el uno, que sabía todo sobre leyes de caballería, mostraba su ignorancia de estas leyes al otro, comenzó a anochecer y todavía no habían encontrado un poblado que tuviese lo que a los caballeros andantes no les hacía falta, pero que a Sancho Panza encantaba, porque prefería dormir en un lecho de lana antes que en uno de hierba, aunque ésta estuviese bien fresca.
Resignado ya el uno e indiferente el otro, vislumbraron a lo lejos la luz de una fogata. Esta lumbre provenía del campamento de unos cabreros, que preparaban una cena a base de carne de cabra lo que, al instante, hizo olvidar a Sancho Panza que esa noche tampoco habría un colchón decente. Eran muy buena gente aquellos cabreros y carne de cabra les sobraba, así que invitaron a Don Quijote y su escudero a compartir con ellos lo que tenían.
La forma en que Don Quijote les agradeció su hospitalidad asombró un poco a los cabreros, porque no fue con un simple "Gracias", como esta buena gente hubiese esperado, sino que fue con un largo discurso , en el que aparecieron muchas cosas que los pobres cabreros nunca habían oído antes, pero de las que en cambio, nosotros, sí estamos enterados. Y como nosotros ya las sabemos, no hace falta repetirlas.
Como los cabreros no entendían nada de este discurso, quedaron convencidos de que tenían trato con un hombre culto, porque ser culto significa, sobre todo, decir cosas que nadie entiende. Les pareció por lo tanto muy probable, que este señor un poco raro mas divertido, tendría interés en cosas culturales; así que hicieron venir a un compañero suyo, que cantaba muy bien, para que cantara algo. Éste, efectivamente, llegó y cantó una canción sobre alguien que una vez quiso enternecer un corazón que no se entregaba. Esta poca información te bastará, para saber de qué trataba dicho canto, ¿no? Sí, sí, sí, del amor trataba.
Y otra cosa también sabes, sin que yo te la diga, que, cuanto más infeliz es el amor que se canta, más largos son los cantos de amor. Fue por lo tanto larguísimo este canto; tan largo, que ningún testigo de la escena fue capaz de memorizarlo. Aunque quiso el destino que el canto, que en ese momento todos desconocían, fuera preludio de otros cantos más infelices y por lo tanto más dulces todavía; y que por ser tan dulces no debían, como vamos a ver, caer en el olvido.

Sancho Panza, esto es obvio, después de haber comido bien y bebido todavía mejor porque había vino en abundancia, se sentía a las mil maravillas y lo único que quería era dormir; y con los ojos ya casi cerrados, esperaba que el aburrido concierto se terminara para que lo dejasen dormir de una vez. Por qué su amo estaba tan fascinado con aquellos amores, no lo entendía en absoluto. No había mujer en el mundo que mejor preparase el asado que su esposa, con eso, él ya era feliz y su mujer estaba tan contenta. Siendo bastante astuto, como lo era siempre cuando de defender sus intereses se trataba, Sancho dijo a su amo que el trabajo de cabrero era muy duro y que seguramente esta gente querría dormir ya, puesto que habían trabajado duro todo el día y tenían que dormir porque al día siguiente tendrían que levantarse temprano. Este argumento convenció a Don Quijote que, muy a su pesar, rehusó pedir al cabrero cantante que siguiera con su canto. Así que todos menos Don Quijote, porque las leyes de caballería exigían que velara y que pensara en la sin par Dulcinea del Toboso, se fueron a dormir.


 

Kapitel elf

Was Don Quijote mit einigen Ziegenhirten zugestoßen ist

So viele Verrücktheiten gibt es, wie Falten in der menschlichen Seele, wo die Leidenschaften sich verstecken. Oh, trotteliger Leser, was bist du dämlich! Du glaubst, du hättest was über die Verrücktheiten gelernt, wüsstest, in welcher Beziehung diese zur Realität stehen. Du glaubst du könntest unterscheiden zwischen den Phantasien eines Sancho Panza und denen eines Don Quijote, du glaubst du wüsstest etwas von der Kraft des Irrsinns. Du glaubst, du weißt etwas.

Das menschliche Herz ist so tief wie das Firmament. Aus einem tiefen Brunnen entsteigt der Wahnsinn, ein Brunnen so tief, dass noch nie ein menschliches Wort ihn erleuchtet oder erhellt hat. Aus nichts, kommt nichts. So sagt man und das ist es, was man glaubt. Doch die Leidenschaften, die Quellen des Wahnsinns, werden aus dem Nichts heraus geboren. Aus Nichts entspringt die Liebe und aus dem Nichts der Sinn für die Schönheit. So sinnvoll wie es ist, zu fragen, warum man liebt oder warum etwas schön ist, so sinnvoll ist es zu fragen, wer die Mutter Gottes ist. Diese Verrücktheiten, und vor allem die erste, entstehen zwar aus dem Nichts, produzieren aber jede Art von Irrsinn. Höre diese Geschichte, die in den folgenden Kapiteln erzählt wird und du wirst es verstehen.

Während sie dahin ritten diskutierten sie, wenn man ein Gespräch als Diskussion bezeichnen will, bei dem der eine, der alles über die Regeln der fahrenden Ritterschaft wusste, dem anderen seine völlige Unkenntnis derselben zeigt, bis die Abenddämmerung hereinbrach und sie waren noch auf kein Dorf gestoßen, welches das besaß, was die fahrenden Ritter nicht benötigten, was aber Sancho Panza sehr behagte, denn er zog es vor, lieber in einem Bett aus Wolle zu schlafen als in einem aus Gras, auch wenn dieses ganz frisch ist.

Der eine resigniert und der andere gleichgültig, sahen sie in der Ferne das Licht eines Lagerfeuers. Das Licht kam vom Lager einiger Hirten, die sich aus Ziegenfleisch ein Abendessen zubereiteten, was Sancho Panza sofort vergessen ließ, dass es auch diese Nacht keine ordentliche Matratze geben würde. Die Hirten waren anständige Leute und Ziegenfleisch hatten sie im Überfluss. Sie luden Don Quijote und seinen Schildknappen also ein, mit ihnen zu teilen, was sie hatten.

Die Art und Weise, wie Don Quijote sich bei ihnen für ihre Gastfreundschaft bedankte, überraschte die Hirten, denn es war kein simples "Danke", wie diese guten Leute dies erwartet hätten, sondern eine lange Rede, in der Dinge auftauchten, von denen die Hirten noch nie etwas gehört hatten, die aber wir im Gegensatz dazu sehr gut kennen und da wir es schon wissen, ist es nicht nötig, es zu wiederholen.

Da die Hirten von dieser Rede nichts verstanden, waren sie überzeugt, dass sie es mit einem gelehrten Mann zu tun hatten, denn gelehrt zu sein, bedeutet ja vor allen Dingen, so zu sprechen, dass niemand etwas versteht. Es schien ihnen folglich sehr wahrscheinlich, dass dieser Herr, der zwar ein bisschen merkwürdig, aber dennoch amüsant war, sich für kulturelle Dinge interessieren würde. Sie ließen also einen ihrer Freunde kommen, der gut singen konnte, damit er etwas singe. Dieser kam dann auch tatsächlich und sang ein Lied über jemanden, der ein Herz erweichen wollte, das sich nicht erweichen ließ. Dies genügt dir um zu erahnen, wovon das Lied handelte, stimmt's? Ja, ja, ja, es handelte von der Liebe.
Du weißt noch etwas, ohne dass ich dir das sagen müsste, nämlich, je länger ein Lied über die Liebe ist, desto unglücklicher diese Liebe ist und dieses Lied war folglich sehr lang. So lang, dass kein Zeuge der Szene in der Lage war, es in der Erinnerung zu behalten. Das Schicksal wollte aber, dass dieses Lied das Präludium zu einer ganzen Reihe noch unglücklicherer und damit noch süßerer Lieder werden sollte, die, da sie so süß waren, nicht dem Vergessen anheim fallen sollten, wie wir gleich sehen werden.

Sancho Panza war, das ist offensichtlich, nachdem er gut gegessen und noch besser getrunken hatte, denn es gab Wein im Überfluss, vollkommen glücklich und wollte nur noch schlafen. Mit geschlossenen Augen wartete er darauf, dass das langweilige Konzert nun endlich aufhören möge und er schlafen könne. Warum sein Herr von diesen Liebesliedern so fasziniert war, verstand er überhaupt nicht. Es gab keine Frau auf der Welt, die einen Braten besser zubereiten konnte als seine Frau, womit er glücklich und seine Frau zufrieden war. Da er sehr gewitzt sein konnte, wenn es um die Verteidigung seiner Interessen ging, sagte Sancho zu seinem Herrn, dass die Arbeit eines Hirten anstrengend sei, und dass diese Leute schlafen wollten, da sie ja den ganzen Tag gearbeitet hatten und am nächsten Tag wieder früh aufstehen mussten. Dieses Argument überzeugte Don Quijote, der, zu seinem großen Bedauern, davon Abstand nahm, den Sänger zu bitten, weiter zu singen. So gingen dann alle, außer Don Quijote, der, den Regeln der fahrenden Ritter folgend, wach blieb und an Dulcinea del Toboso dachte, schlafen

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