Capítulo décimo octavo

Donde se cuentan las razones que pasó Sancho Panza con su señor Don Quijote, con otras aventuras dignas de ser contadas

¡Ay locura! Cómo entenderte.
¿Cuándo tenerte confianza o cuándo desconfiar de ti?

Útil instrumento eres, cuando al ataque nos llamas, cuando tu fuerza sublime las cadenas deshace. Raro y estéril cuando la razón, a la que desprecias, no acude jamás en tu socorro. Tú revelas nuestros más íntimos anhelos y vencido el cuerpo, tú te rebelas. Naces en sesos secos, que por ti se secaron, mientras al alma del poeta le das las imágenes que necesita.

 

Más veloz que la luz avanzas y arrastras tras de ti la realidad que se mueve tan lentamente, que no la soportamos. Más colores no nos trae el sol cuando en el este se alza que tú, cuando sobre tu vigorosa ala nos llevas.

Como el ocaso el mundo pinta de zaino, tú puedes inundar el alma con el único color que te queda, el negro. Tú eres visión, rumbo de nuestro destino o corres perdida por bosques oscuros y no encuentras salida. En esta inexorable batalla, que es nuestra vida, o sales vencedora o serás vencida.

 

¡¡Cuán hermosa es una hermosa alma!!, cuando tú de la realidad la liberas y ¡qué horror!, cuando revelas un alma fea. Todo se canta, a ti se te ignora. Todo se estudia, tu nombre se evita.

 

Más apreciada es la fantasía, tu hija. A ella, algunos un valor conceden. Pero luchando tu hija a la luz del día, nadie la socorre y la llaman con el nombre de su madre, locura.

La razón es tu hermano, hombre respetado, con barba y barriga y bien educado. Cuando tu hermano habla, todos escuchan. Él vive en una casa respetable y a las nueve de la noche, se va a la cama. Tiene una respuesta para todo, porque cuando no hay pasiones, las palabras se ponen de acuerdo.


Buen fundamento son las palabras para construir una casa y un buen techo que nos proteja de todo lo que viene del profundo firmamento. Cómodas mecedoras son las palabras y bien ordenado está el mundo cuando estamos sentados en ellas. Y más ordenado aún si todos poseen las mismas.

Himno melancólico a la locura

Tú, que ya existías cuando la razón no existía,
tú, en cuya ausencia la vida no sería,
no siendo esto resultado de la conciencia,
sino de la inconsciencia, la locura.
A ti, que todos desprecian e ignoran,
a ti, que todos buscan y adoran
diciendo que el rojo del vino
no contiene locura, sino poder divino.
A ti va dirigido este canto,
a ti que vienes de lo más profundo,
para volar desde allí al firmamento
con velocidad que se asemeja al rayo.
Tú no eres ni buena ni mala.
Tú no eres ni hermosa ni fea.
En manos del poeta, luces como oro
y la avaricia, haces más avara.
Más espejo eres del corazón humano,
porque la realidad hecha de inmóvil barro
acepta sólo arduamente el sello del alma,
mientras libremente se ve reflejada en la locura.
Cuando la razón a ti se une,
llamando a la fantasía a nuevo viaje,
entonces no te llaman locura,
entonces te llaman esperanza.
Cuando la realidad, tu feroz enemigo,
en inexorable batalla te ha vencido.
Cuando tus astucias locas ya no ayudan,
entonces, a tu hija desesperanza llaman.
Quiere elogiar el alma grande
tu fuerza, que la realidad embiste.
Quiere cantar el poeta tu magia,
que incluso al infierno la puerta abre.
Pero tú, no eres ni mala ni buena,
espada feroz deshaciendo entuertos
en manos de valiente caballero,
raciocinio vil eres en manos de mezquino.
Y no sólo que de muchas pasiones
te desprendes, aun de una misma pasión,
así de complicada eres,
pueden salir locuras diferentes.
De mezquina pasión puede surgir
bonita locura, y de bonita pasión,
horrible locura; y por eso, eres tan rara
como la realidad, de la cual te defiendes.

¡Sí, sí, sí! Lo sé, mi estimado burro contemporáneo o futuro, poco importa. Te sientes defraudado, te esforzaste para llegar hasta aquí, pero cuanto más se avanza, menos sabes. ¿Y esto a mí, qué? ¿Que yo soy culpable de esto? ¿Que yo me explico mal? ¿Que debió haber un sistema en el comportamiento de Don Quijote, que se pueda resumir en una frase?

Joder, ¡qué descarado que eres! Miremos un poco. Tú viniste porque querías oír más de estas historias que se cuentan en la tabernas para pasar el rato, como también se cuenta lo que hace la vecina Carmen con el vecino Pedro, vaya qué escándalo, casados los dos y a ti no te deja.

¡Sí, sí, sí! ¿Y crees que es oficio mío proporcionarte un poco de entretenimiento? ¡Maldito hijo de puta malvado! ¿Quién crees que soy yo? Yo soy Miguel de Cervantes Saavedra, apogeo del ingenio español, yo no estoy aquí para servirte de ramera y darte placer, estoy aquí para instruirte. ¿Qué? ¿Que una historia como ésta no instruye? ¿Que aprendes más cuando hablas con tu vecino Pedro de las semillas que hay que sembrar, sobre cómo construir el techo de tu casa o de cómo arar la tierra?

¿Y que lo que cuento yo es sólo para pasar el rato? Entonces vete con tu novia a la playa para emocionaros mirando la puesta del sol. Aquí no se enternece uno, aquí se estudia. Aquí queremos saber lo que realmente pasó y esto podrá salvarte de convertirte un día en un Sancho Panza.

Si yo estuviese convencido de que eres feliz andando detrás de tus bueyes, arando la tierra eternamente, no trataría de enseñarte algo.

¿Qué? ¿Nuestro lector sabelotodo del futuro dice que hago mal en insultar a la gente de esta forma? Me muero de la risa. Un caballero andante del futuro que endereza los entuertos de mis contemporáneos. Esto sí que es gracioso. Esto ya supera hasta a Don Quijote de la Mancha. Mi muy amado lector del futuro, ya te lo he dicho, teniendo en cuenta que estás en el futuro, en cualquier sitio caben muchas personas, una detrás de otra; y por lo tanto, no veo ninguna necesidad de que tú estés donde estoy yo. ¿Comprendes lo que te quiero decir? Y si viniste para presumir en la próxima fiesta diciendo a la mujer que te gusta "...yo he leído el Don Quijote, muy buena obra, una de las novelas más grandes que jamás se haya escrito, contiene muchas sutilezas, que sólo los muy cultos comprendemos", para seguir "te las puedo explicar todas, pero más cómodamente en la cama.", entonces, repito...¡¡puedes irte a tomar viento fresco!!

Caballero con alto plumero
a dónde andas tan pinturero,
los caminos que llevan a la gloria
son para andarlos, con parsimonia.

Así dice el refrán y lo que vale para la gloria, ha de valer igualmente para la sabiduría. Yo continúo con... y que se vayan los que quieran irse.
No puede haber rigor científico, si los hechos sobre los cuales se basa la ciencia no están bien claros. Que se queden aquéllos que quieren saber la verdad y que se vayan los que buscan diversión o placer. Que se queden aquéllos a los que la profundidad no espanta, y que se vayan todos los que cuando van nadando, se ahogan de espanto si alguien les dice que el agua es tan profunda que jamás nadie hubo alcanzado el fondo.

Siguieron su camino el caballero andante y su escudero con el cuerpo destrozado doliéndoles más o menos todo lo que puede doler. En mejor posición estaba Don Quijote, porque al igual que para un cristiano cualquier desgracia tiene un sentido profundo y no habría pueblo judío ni mucho menos cristiano, si Dios no los hubiera exiliado en Babilonia, un caballero andante tiene que sufrir, así que para Don Quijote estar molido, era consuelo. El que realmente sufría era Sancho Panza, porque desprovisto estaba de cualquier consuelo y únicamente la realidad podía consolarlo y, para su desgracia en aquel momento se negaba rotundamente a hacerlo.
Esto de dejar un poco de lado la vida caballeresca, muy oportuno en el capítulo anterior cuando se trataba de pagar por los servicios recibidos, no lo fue tanto cuando se acercaron dos manadas de ovejas que, gracias a la magia caballeresca, se convirtieron inmediatamente en dos ejércitos enemigos que estaban por enfrentarse y sería el brazo fuerte de Don Quijote el que decidiera quién saldría de aquella batalla vencedor y quién vencido, porque incluso él pensó en participar en esta lucha.

Inútil era que Sancho Panza le dijera que sólo eran dos manadas de ovejas, porque poco le importa a un soldado el motivo, puesto que hay guerra en la cual fama se conquista y raramente uno se interesa por saber si hay lógica en lo que se está haciendo.

Si la locura de los caballeros andantes es mayor que la de los soldados, no lo sabemos, pero consta que difícilmente se puede conquistar fama luchando contra ovejas. Pues tan claro es el deseo padre del pensamiento y más claramente todavía de la fantasía, ya que el primero está atado a la realidad y la segunda es libre, que Sancho Panza podía decirle mil veces a Don Quijote que eran dos manadas de ovejas y no dos ejércitos, que habría sido en vano.

Don Quijote bajó la lanza, aferró las riendas, apretó las espuelas en las ijadas de Rocinante y entró en batalla, matando un soldado, tras otro. Los pastores que cuidaron sus ovejas, no entendían muy bien qué hacía ni por qué lo hacía, pero sabían perfectamente que era algo que no se debía hacer. Al no conseguir resultado alguno gritándole ni pidiéndole que dejara de hacer lo que estaba haciendo, sacaron sus hondas y comenzaron a bombardearlo con piedras tan grandes como puños.

Las primeras piedras que le alcanzaron no más le sacaron un par de muelas, que de todas maneras un día u otro habría tenido que sacarse. Pero cuando ya no se trató de piedras sueltas, sino de una lluvia de rocas, Don Quijote cayó al suelo y no se movía. Los pastores, viéndolo inmóvil en el suelo, creyeron que lo habían matado y prefirieron irse antes de que la Santa Hermandad averiguara lo que había pasado.

Al ver que ya no había peligro porque todos los pastores se habían ido, Sancho Panza acudió a interesarse por su amo, repitiéndole lo mismo que antes ya le había dicho ciento una vez y que era tan cierto como inútil.

Aceptó Don Quijote que se había tratado de dos manadas de ovejas, pero no consintió en reconocer que siempre lo hubiesen sido. Al igual que la religión, las ideas caballerescas son muy flexibles y para cualquier entuerto que el caballero andante sufre, hay manera de enderezarlo. Por magia de un encantador enemigo suyo, que no quería que él saliera vencedor de tan terrible batalla, los dos ejércitos se transformaron en dos manadas de ovejas.

Sí, bueno, para qué negarlo, es un poco fuerte esto. Desde luego es mucho más fuerte que lo que haces tú todo el día.
¿No cambias un poco tu interpretación del mundo según lo que te conviene en una situación determinada?

Ay mi hijito, no es para tener vergüenza, aquí estamos sólo tú y yo, o más bien dicho a mí me oyen todos, mientras que lo que tú me cuentas a mí, sólo lo oigo yo.

Sí, sí, sí mi hijito. Si la chica que adoras, con cuyas manos fantaseabas, cuya sonrisa se te quedó grabada en la memoria como una foto, que te hizo casi estallar el corazón cuando por casualidad te chocaste con ella al torcer la esquina no te hace caso, dirás que ella, a pesar de ser muy guapa, no está a tu nivel intelectual. Nada grave mi hijito. Más vale haber estado enamorado de una chica de un nivel intelectual bajo, que suicidarse.


¿Ves como yo puedo ser tierno, si tú te comportas bien y no me vienes con tus tonterías y arrogancias y si eres honesto? Sí, sí, sí en alguna medida, todos tenemos una vida un poco caballeresca. Algunos, incluso toman un buen trago de este ron.

¿No te contó el párroco la historia de Moisés y el arbusto ardiente? ¡Vaya! no me irás a decir que te creíste tamaña tontería. Tantas ganas tenía Moisés de ver a Jehová, su Dios, como Don Quijote dos ejércitos y más a menudo el deseo es el padre de la fantasía que del pensamiento.

La locura de Don Quijote no es tan loca como se cree, es muy normal; y cuando esta locura es generalizada, se la llama religión.

Una buena religión, tan valiosa como una hermosa locura, tiene que otorgarnos el derecho a interpretar los hechos tal como hace falta en un determinado momento; o sea, tiene que ser lo suficientemente flexible, para que nuestros deseos y anhelos puedan ser constantes en un mundo que cambia.
Habiendo olvidado Sancho Panza su alforja en la taberna encantada o castillo imaginado, no tenían nada para comer y estaban por lo tanto en la misma situación que los israelíes en el desierto camino a la Tierra Prometida. Tuvieron que comer lo que encontraban en el campo, que era poca cosa y nada sabrosa. Pero habiendo caído del cielo, por la gracia de Jehová, en el primer caso; y encontrado, gracias a la sabiduría de los caballeros andantes en el otro, dieron al espíritu el alimento que al cuerpo faltaba. Hambrientos continuaron su camino hacia nueva aventura que en muy poco tiempo, gracias a la magia de los caballeros andantes, encontrarían.

 

Kapitel achtzehn

Wo von den Gesprächen erzählt wird, die Sancho Panza mit seinem Herrn Don Quijote führte und anderen Abenteuern, die des Erzählens würdig sind

Oh Irrsinn! Wie soll man dich verstehen. Wann soll man dir vertrauen, wann misstrauen?

Nützliches Instrument, wenn du zum Angriff rufst, wenn deine erhabene Kraft die Ketten sprengt. Seltsam und steril, wenn die Vernunft, die du verachtest, dir nie zur Hilfe eilt. Du enthüllst unsere intimsten Sehnsüchte und wenn der Körper besiegt, dann leistest du Widerstand. Dich erzeugen trockene Hirne, die wegen dir vertrocknet, während du dem Dichter die Bilder gibst, die er braucht.

Schneller als das Licht schreitest du voran und ziehst die Realität hinter dir her, die sich so langsam bewegt, dass wir sie nicht ertragen. Mehr Farben bringt die Sonne nicht, wenn sie im Osten sich erhebt, als du, wenn du uns auf deinen Flügeln trägst.

Wie die Abenddämmerung die Welt in dunkle Farben taucht, so kannst du die Seele mit der einzigen Farbe bedecken, die dir bleibt, schwarz. Du bist Vision, Richtung unseres Schicksals oder rennst verloren durch dunkle Wälder und findest keine Ausweg. In dieser unerbittlichen Schlacht unsere Lebens, siegst du oder wirst besiegt.

Wie schön ist eine schöne Seele, wenn du sie von der Realität befreist und welch ein Grauen, wenn du eine hässliche Seele enthüllst. Alles besingt man, dich verachtet man. Alles studiert man, dein Name wird gemieden.

Höhere Wertschätzung genießt deine Tochter, die Phantasie. Ihr gestehen manche einen Wert zu. Doch kämpft deine Tochter in hellem Tageslicht, eilt niemand ihr zu Hilfe und man ruft sie mit dem Namen ihrer Mutter, Irrsinn.

Die Vernunft ist dein Bruder, ein respektierter Mann, mit Bart und Bauch und wohl erzogen. Spricht dein Bruder, so lauscht man ihm. Er wohnt in einem in einem Haus, würdig seines Standes und um neun Uhr abends, geht er zu Bett. Er hat auf alles eine Antwort, denn da wo es keine Leidenschaften gibt, da einigen sich die Wörter.

Ein sicheres Fundament sind die Wörter, um ein Haus zu bauen und ein gutes Dach, das uns vor allem schützt, was aus den Tiefen des Firmaments kommt. Bequeme Schaukelstühle sind die Worte und wohlgeordnet ist die Welt, wenn wir in ihnen sitzen und noch geordneter, wenn alle über dieselben verfügen.

Melancholische Hymne an die Verrücktheit

Du, die schon existierte, als die Vernunft noch schlief,
du, in deren Abwesenheit es kein Leben gäbe,
da dies nicht das Ergebnis des Bewusstseins ist,
sondern der Bewusstlosigkeit, der Verrücktheit.

Dich, die alle verachten und verschweigen,
dich, die alle suchen und bewundern,
wenn sie sagen, dass das Rot des Weins
nicht Verrücktheit birgt, sondern göttliche Macht.

Dir ist dieser Gesang gewidmet.
An dich, die du aus tiefsten Tiefen entsteigst,
um von dort zum Firmament zu fliegen
mit der Geschwindigkeit, die der des Blitzes gleicht.

Du bist nicht gut, nicht schlecht.
Du bist weder schön noch hässlich.
In den Händen eines Dichters, glänzt du wie Gold
und die Gier, machst du noch gieriger.

Du bist der Spiegel des menschlichen Herzens,
denn die Realität, dieser zähe Ton,
akzeptiert nur schwer den Stempel der Seele,
während er sich frei spiegelt in der Verrücktheit.

Gesellt sich die Vernunft zu dir,
und ruft die Phantasie zur Reise,
dann heißt du nicht Wahnsinn,
dann nennt man dich Hoffnung.

Wenn die Realität, dein erbitterter Feind,
in unerbittlicher Schlacht dich hat bezwungen,
wenn deine verrückten Listen dir nicht mehr helfen,
dann nennt man deine Tochter Verzweiflung.

Preisen will dich die große Seele,
wenn deine Kraft die Realität bekämpft,
der Dichter will deinen Zauber preisen,
der selbst zur Hölle noch die Pforten öffnet.

Doch du bist weder gut noch böse,
Schwert bist du, das Unrecht rächt
in Händen des tapferen Ritters,
und schales Hirngespinst, in Händen der Niederträchtigen.

Und nicht nur, dass aus vielen Leidenschaften
du dich löst, nein, auch aus einer einzigen Leidenschaft,
so kompliziert bist du,
entstehen viele Verrücktheiten.

Aus der Niedertracht erwächst eine
schöne Verrücktheit und aus schöner
Leidenschaft, eine schreckliche Verrücktheit
und deshalb bist du so seltsam wie die Realität, die du bekämpfst.

Ja, ja, ja! Ich weiß, mein lieber gegenwärtiger oder zukünftiger Esel. Du bist enttäuscht, du hast nun bis hierher durchgehalten, doch je weiter man voranschreitet, desto weniger weißt du. Und was geht mich das an? Dass ich schuld daran bin? Dass ich schlecht erkläre? Dass es ein System geben muss, im Verhalten Don Quijotes, das man in wenigen Worten zusammen fassen kann? Mann, Mann, Mann, was bist du unverschämt! Schauen wir mal. Du kamst hierher, weil du noch mehr von den Geschichten hören wolltest, wie man sie auch in den Kneipen erzählt, um sich die Zeit zu vertreiben, so wie man das, was Carmen mit Pedro macht, was für ein Skandal, beide verheiratet und dich lässt sie nicht ran.

Ja, ja, ja! Und du glaubst, dass es meine Aufgabe ist, dich zu unterhalten? Fahr zur Hölle Hurensohn! Wer glaubst du eigentlich, wer ich bin? Ich bin Miguel de Cervantes Saavedra, Gipfel des spanischen Genies, ich bin nicht hier, um dir als Nutte zu dienen, deine Wollust zu befriedigen, ich bin hier, um dir was beizubringen. Was? Eine Geschichte wie diese kann einen nichts lehren? Du lernst mehr, wenn du dich mit deinem Nachbarn Pedro über das Saatgut unterhältst, das man aussäen muss, wie man das Dach auf dein Haus setzt oder wie man den Boden pflügt? Und das, was ich erzähle, dient nur dazu, sich die Zeit zu vertreiben? Dann geh doch mit deiner Flamme an den Strand und schmilz dahin, wenn die Sonne untergeht. Hier schmilzt niemand, hier wird gelernt. Wir wollen hier wissen, was tatsächlich passiert ist und das kann dich davor bewahren, eines Tages ein Sancho Panza zu werden. Wenn ich +berzeugt wäre, dass du glücklich bist, wenn du hinter deinen Ochsen hertrabst, bis in alle Ewigkeit den Boden pflügst, dann würde ich nicht versuchen, dir was beizubringen.

Was? Unser Leser Besserwisser aus der Zukunft sagt, dass es nicht gerecht sei, wenn ich die Leute so beleidige? Ich lach mich schlapp. Ein fahrender Ritter aus der Zukunft rächt das Unrecht meiner Zeitgenossen. Das ist wirklich witzig. Das übertrifft noch Don Quijote de la Mancha. Mein lieber Leser aus der Zukunft, da du dich ja in der Zukunft befindest, passen auf jeden Ort mehrere Leute, einer nach dem anderen, und ich sehe also keine Notwendigkeit, dass du da bist, wo ich bin. Verstehst du, was ich dir sagen will? Und wenn du gekommen bist, um bei der nächsten Party vor der Frau, die dir gefällt anzugeben "...ich habe den Don Quijote gelesen, eine tolles Werk, einer der größten Romane, die je geschrieben wurden, den nur wir Gebildeten verstehen..." um dann fortzufahren "...ich
kann dir das alles erklären, doch bequemer geht das im Bett...", dann sage ich dir, mach dich vom Acker!

Mein Herr mit dem hohen Federbusch,
wohin gehst du so bunt geschmückt?
Die Wege, die zum Ruhm führen,
geht man in Bescheidenheit.

So sagt der Refrain und was für den Ruhm gilt, gilt auch für das Wissen. Ich fahre fort. Die, die gehen wollen, mögen gehen.

Es kann keine Wissenschaft geben, wenn die Tatsachen, auf denen diese beruht, nicht klar sind. Es mögen die bleiben, die die Wahrheit wissen wollen und die, die nur einen Zeitvertreib und Vergnügen suchen, mögen gehen. Es mögen die bleiben, die die Tiefe nicht erschreckt und es mögen die gehen, die vor Schreck ertrinken, wenn man ihnen, während sie im Wasser schwimmen, mitteilt, dass das Wasser so tief ist, das noch nie jemand den Grund erreicht hat.

Der fahrende Ritter und sein Knappe, dessen verprügelter Körper überall, wo er nur schmerzen konnte, schmerzte, ritten weiter. In der besseren Position war Don Quijote, denn wie für einen Christen jedes Unglück einen tieferen Sinn hat und es kein jüdisches Volk und noch viel weniger ein christliches gäbe, wenn Gott sie nicht in die babylonische Gefangenschaft geschickt hätte, so muss ein fahrender Ritter leiden. Verdroschen worden zu sein, war also für Don Quijote ein Trost. Wer wirklich litt, war Sancho Panza, denn für ihn gab es keinen Trost, allein die Realität konnte ihn trösten und zu seinem Leidwesen, weigerte sich diese in jenem Moment, dies zu tun.

Was aber im vorigen Kapitel, als es darum ging, die Rechnung für die in Anspruch genommene Leistungen zu bezahlen, opportun war, nämlich die Regeln der fahrenden Ritterschaft zu vergessen, war es nicht, als sich zwei Schafherden näherten, die, dank der ritterlichen Zauberei, sich sofort in zwei feindliche Heere verwandelten, die im Begriff waren, aufeinander loszugehen, wobei der kräftige Arm des Don Quijote darüber entscheiden würde, wer aus dieser Schlacht als Sieger und wer als Besiegter hervorgehen würde, denn er gedachte, an dieser Schlacht teilzunehmen.

Dass Sancho Panza ihm sagte, dass es sich um zwei Schafherden handle, machte keinerlei Eindruck auf ihn, denn das Motiv interessiert einen Soldaten wenig, es reicht, dass es einen Krieg gibt, indem man Ruhm erringen kann und nur selten interessiert man sich dafür, ob es eine Logik gibt in dem, was man tut.

Wir wissen nicht, ob die Verrücktheit der fahrenden Ritter größer ist, als die der Soldaten, fest steht jedoch, dass man einen solchen nicht erlangen kann, indem man gegen Schafe kämpft. So eindeutig ist der Wunsch Vater des Gedankens und noch klarer der, der Phantasie, da ja ersterer an die Realität gebunden ist, die zweite jedoch frei ist, dass Sancho Panza tausend mal zu Don Quijote sagen konnte, dass es sich um zwei Schafherden handle und nicht um zwei Heere, es war alles vergeblich.

Don Quijote senkte die Lanze, ergriff die Zügel, drückte die Sporen in die Flanken von Rocinante und begab sich in die Schlacht, tötete einen Soldaten nach dem anderen. Die Hirten, die ihre Schafe hüteten, begriffen nicht, was er tat und warum er das tat, wussten aber, dass es etwas war, was man nicht machen sollte. Da er durch Schreien und Bitten nicht davon abgehalten werden konnte, das zu tun, was er tat, nahmen sie ihre Schleudern und begannen, ihn mit Steinen groß wie Fäuste zu bombardieren.

Die ersten Steine, die ihn trafen, zogen ihm nur ein paar Backenzähne, die früher oder später ohnehin hätten gezogen werden müssen. Doch als es nicht mehr nur einzelne Steine waren, sondern ein Regen von Felsbrocken, fiel Don Quijote vom Pferd und bewegte sich nicht mehr. Als die Hirten ihn nun unbeweglich auf dem Boden liegen sahen, glaubten sie, sie hätten ihn getötet und zogen es vor, zu verschwinden, bevor die Santa Hermandad käme, um zu ermitteln, was vorgefallen war.

Als er sah, dass keine Gefahr mehr bestand, weil alle Hirten verschwunden waren, lief Sancho Panza herbei, um nach seinem Herrn zu schauen, wobei er nochmals das sagte, was er bereits mehr als einmal gesagt hatte und was so richtig wie sinnlos war.

Don Quijote akzeptierte, dass es sich um zwei Schafherden gehandelt habe, widersprach aber der Auffassung, dass dem immer schon so gewesen sei. Wie die Religion, sind die ritterlichen Ideen sehr flexibel und für jedes Unrecht, das dem fahrenden Ritter widerfährt, gibt es eine Art, diese zu rächen. Durch den Zauber eines ihm feindlich gestimmten Zauberers, der nicht wollte, dass er als Sieger aus dieser schrecklichen Schlacht hervorginge, wurden die zwei Heere in zwei Schafherden verwandelt.

Ja, ja, warum soll man es abstreiten, das war ein bisschen stark. Auf jeden Fall ist es ein bisschen heftiger als das, was du den ganzen Tag machst. Änderst du nicht ständig ein bisschen deine Interpretation der Welt, je nachdem was dir in einer bestimmten Situation gefällt?

Ach mein Sohn, du brauchst dich deswegen nicht zu schämen, nur ich und du sind hier, oder besser gesagt, alle hören mich, während das, was du mir erzählst, nur ich höre.

Ja, ja, ja mein Sohn. Wenn das Mädchen, das du verehrst, von deren Händen du phantasiert hast, deren Lächeln sich wie ein Photo in dein Gedächtnis eingegprägt hat, die dein Herz fast zum Zerreißen gebracht hat, als sie plötzlich, als du um die Ecke bogst, vor dir stand, dich nicht beachtete, dann wirst du sagen, dass sie nicht dein intellektuelles Niveau hätte. Das ist nicht schlimm mein Sohn. Besser ist es, in ein Mädchen mit geringem intellektuellen Niveau verliebt gewesen zu sein, als sich umzubringen.

Siehst du wie zärtlich ich sein kann, wenn du dich gut benimmst und mir nicht mit deinen Dummheiten und deinem überheblichen Ton kommst? Ja, ja, ja in gewisser Weise haben wir alle ein bisschen ein ritterliches Leben. Manche nehmen sogar einen kräftigen Schluck von diesem Rum.

Hat dir der Pfarrer die Geschichte von Moses und dem brennenden Dornbusch nicht erzählt? Na, du wirst mir doch nicht etwa erzählen, dass du diesen Blödsinn geglaubt hast. So sehr sehnte sich Moses Jehova, seinen Gott zu sehen, wie Don Quijote sich danach sehnte, zwei Heere zu sehen, denn noch viel öfter ist der Wunsch Vater der Phantasie als des Gedankens. Die Verrücktheit des Don Quijote ist nicht so verrückt, wie man glaubt, sie ist etwas sehr Normales und wenn diese Verrücktheit verbreitet ist, dann nennt man das Religion. Eine gute Religion, so wertvoll wie eine schöne Verrücktheit, muss uns das Recht zugestehen, die Tatsachen so zu interpretieren, wie wir es in einem bestimmten Moment brauchen. Sie muss also so flexibel sein, dass unsere Wünsche und Sehnsüchte in einer sich wandelnden Welt immer gleich bleiben können.

Da Sancho Panza seine Satteltasche in der verzauberten Kneipe oder Burg vergessen hatte, hatten sie nichts zu essen und waren von daher in derselben Situation wie die Israeliten in der Wüste auf dem Weg ins Gelobte Land. Sie mussten das essen, was sie auf den Feldern fanden, was wenig war und auch nicht schmackhaft. Doch da dieses, im ersten Fall, durch die Güte Jehovas vom Himmel gefallen war und im zweiten durch die Weisheit der fahrenden Ritter gefunden wurde, gab es dem Geist die Kraft, die dem Körper fehlte. Hungrig gingen sie ihres Weges einem neuen Abenteuer entgegen, welches, dank der Zauberei der fahrenden Ritter, auch nicht lange auf sich warten ließ.