Capítulo vigésimo

De la jamás vista ni oída aventura que con más poco peligro fue acabada de famoso caballero en el mundo, como la que acabó el valeroso Don Quijote de la Mancha y donde aprendemos que ni el rigor científico más pertinaz logra despejar las nubes

El albatros

Símbolo eres, ¡oh albatros!
rey de los profundos cielos
que con tanta gracia vuelas

y con tanta facilidad despegas.

Nada detiene tus alas
cuando la tierra dejas

y hacia el profundo cielo,
hacia el sol, te levantas.

Ahí eres rey, pequeño lo que dejas.
Del sol a la tierra van tus miradas,
siendo el primero tan grande
como el segundo insignificante.
Pero ni siquiera tú, rey del cielo,
escapas a este nuestro terrenal destino.
Inmenso el cielo, azul que en azul se refleja;
pero tu destino es, volver a la Tierra

Como a un rey derrocado al que el pueblo,
para humillarle, arrastra por el cuello;
a ti, la Tierra te agarra
y te muestra cuán vanos son tus deseos.

¿Todavía estás aquí? Me imagino que es porque no tienes otra cosa que hacer y te aburres, porque me cuesta mucho creer que tú entiendas algo de esta historia; o más bien, la historia en sí, la descifras pues alguien te enseñaría a leer, aunque dudo mucho que realmente comprendas su significado y lo que para ti personalmente simboliza e implica.

Yo sé que piensas, que esta loca historia cada vez se vuelve más loca y que a pesar de llevar tanto oído de él, al final no sabes nada de Don Quijote. De nuevo te daré otra explicación, que parezca una receta de cocina.

¿Nunca has visto cómo un guijarro en un arroyo cambia de color al avanzar el día? ¿Que por la mañana te parece gris o negro; que después, cuando el sol llega a su cénit y ves brillar el agua que pasa por encima, se torna un poco azulado; y que, al anochecer, lo pierdes de vista?

Y si tomas este guijarro y lo pones en otro sitio, ¿será el mismo? ¿Entiendes? ¿No?

 

Madre del Amor Hermoso, ¡qué borrico eres! ¿No ves que la apariencia de las cosas depende de la luz que las enfoca? ¿O del color del cristal con que se mira? ¿Y de las circunstancias? Y si un maldito guijarro cambia de color al pasar el día y según el entorno en el cual se encuentra, ¿es tan improbable que un hombre cambie en el transcurso de la vida?

 

Y ahora quieres, que yo te describa el Don Quijote como alguien que no cambia, para que puedas calificarlo de un tirón, como loco, como soñador dotado de mucha fantasía, como una especie de Jesucristo, eterno rebelde, como hipócrita o yo que sé cuantas otras simplezas tuyas.

 

Madre mía, tú, eres una real plaga, ¿sabes? Para decirte la verdad, yo creo que poseo algunas dotes didácticas, pero tratar de poner un poco de luz en tu intelecto, es como enseñar a una vaca a bailar.

¿Pero sabes qué no entiendo? ¿Por qué quieres meter todo en el mismo saco? ¿Por qué te interesa más un estado determinado que las múltiples posibilidades? Eres un bicho raro, de eso no cabe duda.

 

Tú eres como ese imbécil que me contó el otro día que las historias son algo para gente frustrada y que la vida es más rica que cualquier cuento, novela, pieza de teatro etc. ...
¡Qué gracioso eres! Si así fuera, ¿por qué estás aquí? ¿Porque este fin de semana no tenías nada mejor que hacer? ¡Ah, bueno! Es que yo creía que tu vida estaba tan llena de aventuras, que sólo te faltaba un poeta que cantara la belleza y plenitud de lo que tú vives. O mejor todavía un músico, porque tan hermosos son tus sentimientos y tan sutiles tus pensamientos, que únicamente la música puede expresar todo el encanto que llevas dentro.

¿Qué? ¿Que leer un cuento es una gozada total? ¡Madre mía, cuán chiflado estás tú! ¿Crees que no te vi leyendo aquella vez? ¿Tu cara roja, cómo te ibas a la cocina cada rato a comer algo, que miraste cuántos capítulos quedaban todavía y cuántas páginas tenía el capítulo que estabas leyendo? No me vengas con estas tonterías hombre, no me digas que un cuento es tan sabroso como un chorizo bien picante.

 


Ya te dije, que si fueras honesto, podríamos ponernos de acuerdo, pero si me vienes con tus estupideces, simplemente siento asco.


¿Que yo soy muy negativo? Hombre, si se quiere construir una hermosa casa hay que apartar primero todos los escombros, comprobar si el suelo es sólido y construir los cimientos. Y cuando te toque amueblar tu casa, echa fuera primero todos los muebles que tienes y cómprate otros nuevos, o mejor aún, hazlos tú mismo.
Y no compres las cosas que tiene el vecino, no compres algo porque sea caro, no compres cosas para presumir. Pon en tu casa las cosas que te gustan, amuebla tu alma con las cosas que te corresponden. Cada vez que tengas algo nuevo en la mano, dale vueltas, míralo desde todos los ángulos y pregúntate: ¿Soy yo esto? Al principio no vas a encontrar nada, vacía estará tu alma, pero más vale alma vacía que alma llena de basura y tonterías.

 

¿Sabes cuándo yo, Miguel de Cervantes Saavedra, me hice poeta? Cuando los piratas me capturaron y me llevaron a Argel encadenado. En la cárcel no presumes, no lees un libro, para que los otros te tomen por culto, no haces nada para impresionar a los demás y nadie te cuenta mentiras ni te lisonjea, a nadie le vendes nada ni nadie te vende algo a ti. Allí, tienes que volver a empezar de cero. Allí no haces nada para los otros. Las bellezas que en la cárcel se graban en tu alma son tuyas, no son mentiras, porque allí no hay nadie a quien tengas que mentirle y todo lo que de basura hubiera en tu alma, allí no tiene ningún valor.

¿Qué? ¿Otra vez el sabelotodo del futuro? ¿Que en tu siglo futuro todos encuentran el Quijote sustancioso como un buen asado? ¿Que habéis festejado el cuadringentésimo aniversario de la aparición del Quijote? ¿Qué hubo conferencias en distintas universidades de todo el mundo y muchos filólocos y otros logos locos dieron conferencias en presencia de cantidad de embajadores?

¿Y? ¿Aprendiste algo? Bueno, para qué preguntarte si de todas maneras no me vas a responder. ¿Sabes?, gente como tú las tengo yo también por aquí, para eso no necesito ir al futuro. Tienen toda la casa llena de basura y si les preguntas por qué la tienen, verás como se enfadan. Muestran estos pavos su sabiduría anémica como otra gente su corbata. ¡Que tomen como ejemplo a Cide Hamate Benengeli! Él lucha desesperadamente por saber la verdad, no le interesa lo que piensan los otros, no estudia para fanfarronear con su sabiduría, porque allá donde él vive, no hay nadie que pueda impresionar.

 

Veremos en este capítulo que una idea está creciendo más y más en su cabeza, una idea que le hace contar cosas banales, pero que a él le parecen importantes. Nos las cuenta no porque sean bellas, todo lo contario, son horribles de oír, sin embargo él no quiere mentir, él acepta la tragedia aunque se le destroce el corazón. Más vale la verdad, por cruda que sea, que la eterna mentira.

Horrible lo que cuenta, óiganlo y aprendan que este cuento no es ningún plato de buen gusto aun estando sus protagonistas bien aprovisionados con quesos, salchichas, jamón, aceite y pescado ahumado tras haber desvalijado el jumento de los sacerdotes. Sin razón ninguna, porque en este caso concreto no es necesario dar una, buscaron un sitio donde poder disfrutar de todas estas delicias. Se sentaron sobre un césped denso y de un verde fuerte y comieron hasta que no podían más, a pesar de que Sancho Panza ya había dicho a su amo, que esta infracción contra las leyes de los caballeros andantes, que mandaban que debieran ayunar, podría acarrearles cantidad de desgracias.

Terminada esta suculenta cena, o más bien una vez pusieron fin a las capacidades limitadas de su estómago, tuvieron sed, porque Sancho Panza había olvidado sacar las exquisitas botellas de vino que el mismo jumento traía. Pudieron deducir, por la densidad y frescura del césped, que cerca debía haber agua, ya fuera fuente o arroyo y después de haber recogido lo que quedó de la cena, se fueron a buscarla.

 

 

Habían dado sólo algunos pasos cuando, efectivamente, oyeron el dulce murmullo de un arroyo. Al oír este murmullo, Don Quijote se acordó de lo que había oído sobre la edad dorada, como muy a menudo ocurre que evocamos un pensamiento cuando olemos u oímos algo. Rebosaba su corazón de sentimientos y le reveló a Sancho los más íntimos, lo cual fue, como vamos a ver enseguida, un error.

Dijo Don Quijote a Sancho Panza:
Yo he venido para traer a esta Edad de Hierro una época dorada. Yo he venido para resucitar las hermosas costumbres, yo he venido para establecer un nuevo orden, para enderezar todos los entuertos y combatir cualquier cosa, que el advenimiento de esta edad dorada impedir pudiere.

 

Sancho Panza que se encontraba en ese momento a su lado pues había venido andando al lado de su señor teniendo cogido a su asno por el cabestro, sintió un deseo muy banal, tan banal que no se cuenta nunca en los relatos ni tampoco en los libros de Historia, dado que en ambos únicamente se cuenta lo revelador; y este deseo, solamente obedece a lo que de sobra hay en los intestinos, algo que nadie quiere saber. ¿Y por qué Cide Hamate Benengeli nos lo cuenta? ¿Para satisfacer los gustos de los borrachos de la taberna? ¿Para que un monstruo de éstos, al cual no le queda ningún diente en la boca, que huele a tabaco barato, con dos piernas como palos que difícilmente sostienen la barriga cebada tenga un clímax que haría morirse de la risa a sus amigotes de mala vida? ¿Para que pudiese decir "y meaba, meaba, y cagaba, cagaba", golpeándose los muslos por el placer que sentía? ¡Bah! Es mucho más probable que temiera que esto sucediese.

¿Y tú? ¿Es este tipo de placer el que buscabas? ¿Por eso viniste?

Sufría Cide Hamate Benengeli al contar esto. Con los ojos llenos de lágrimas, metió su pluma en el tintero y lo puso sobre el papel.

¡Sí, sí, sí! Vuelo loco era, ¿adónde quería volar? A ninguna parte, a la edad dorada, ¿dónde está eso? ¡Sí, sí, sí! ¿Pero se llega a alguna parte si no hay ni siquiera deseo de partir? Escribía esto Cide Hamate Benengeli con el corazón destrozado.


El albatros, al sol quería volar y los pies los tenía en la mierda. ¡Cuán fácil habría sido, simplemente no escribirlo! ¡Qué otra imagen más humillante puede haber para la condición humana! Vuelo de la imaginación, que tan fácilmente te alzas, en la mierda estás, a la mierda volverás.

Sabía Cide Hamate Benengeli por qué era menester contar lo que no se cuenta nunca. Hacía falta contarlo porque era más verdadero que lo que se ve a la luz del día, quedando estas cosas siempre en la penumbra. Con el corazón destrozado gritó, "verdad, verdad, verdad". ¡Ay, mi Cide Hamate Benengeli, hermano mío! Contra tu pueblo lucharon los Reyes Católicos y hasta hoy día se canta esta lucha y vuestra derrota. Yo en aquellos tiempos seguro habría alzado mi espada, igual que lo hice contra los turcos. ¡Ah, si se supiese qué almas tan grandes viven ahora bajo el signo de la media luna! Cuantos farsantes, borrachos, tontos viven en la mierda en España, gente que nunca emprendieron el vuelo y que nunca lo van a emprender y cuán tiernas pueden ser las almas de tu tierra. Y cuando tus lágrimas se secaron metiste otra vez tu pluma en el tintero y te bebiste todo el jugo amargo. Un árabe, con el corazón destrozado, describe la grandeza de nuestro compatriota.

Habían llegado Don Quijote y Sancho Panza finalmente a las orillas del arroyo, cuando de repente oyeron un ruido que los dejó espantados. Era un ruido como de caminar de seres gigantescos, un estruendo causado por monstruos del infierno, sensación aumentada por la oscuridad que les rodeaba. Asustados fueron ambos, amo y escudero, al principio, pero el amo era caballero andante y rápidamente recordó que un caballero andante no teme nada y no hay nada que a su brazo fuerte se resista, a pesar de que ahora, con el suave murmullo del arroyo, al estruendo de los gigantes se unía un tercer ruido, el castañeteo de los pocos dientes que a Don Quijote le quedaban, un ruido perfectamente percibido por Sancho Panza.

Siguieron la dirección de la que venía el estruendo durante una hora; y cuando el sol se alzó en el horizonte, se encontraron frente a un molino de agua cuya noria, empujada por el agua, era la que producía este ruido infernal. Se quedaron mudos los dos, Don Quijote, lleno de pesadumbre por no poder entrar en batalla y Sancho Panza, primero aliviado y después no reprimiendo sonorosas carcajadas.

Ay - dijo Sancho Panza a Don Quijote, que podía ser bastante gracioso de vez en cuando - estos gigantes se oponen fuertemente al advenimiento de la edad dorada, hay que destruirlos cuanto antes.

Y su carcajada, primero lo tiró al suelo y luego casi le quitó el aliento.

Don Quijote, que lo miraba esperando que dejara de reír le dijo:

¿Dudas que los habrían atacado si hubiesen sido gigantes malvados del infierno?

De ello no dudamos en absoluto y ya tenemos muchas pruebas y más recibiremos en los capítulos que siguen.

 

Kapitel zwanzig

Von dem noch nie dagewesenen und unerhörten Abenteuer, das unter nur geringer Gefahr vom bekanntesten Ritter der Welt bestanden wurde und wie Don Quijote de la Mancha es beendete und wo wir lernen, dass nicht einmal die schärfste wissenschaftliche Strenge die Nebel beseitigen kann

Der Albatros

Symbol bist du, oh Albatros,
König der tiefen Himmel,
der du mit soviel Anmut fliegst,
so leicht dich in die Lüfte schwingst.

Nichts bremst deine Flügel,
wenn der Erde du entschwebst,
und zum tiefen Himmel,
zur Sonne du enteilst.

Dort bist du König, klein, was du verlässt,
Von der Erde zur Sonne gleitet dein Blick,
erstere so groß
wie letztere nichtig.

Doch nicht mal du, König des Himmels,
entfliehst dem irdischen Schicksal,
unendlich das Blau, das im Blau sich spiegelt,
doch dein Schicksal ist es, zurückzukehren.

Wie einen gestürzten König, der vom Volk, damit er Demut spüre, am Hals durch die Gassen gezerrt,
so packt dich die Erde,
zeigt dir, wie vergeblich dein Sehnen.

Du bist immer noch da? Ich denke, das ist, weil du nichts anderes zu tun hast und dich langweilst, denn ich kann kaum glauben, dass du von dieser Geschichte hier irgendetwas verstehst. Oder besser gesagt, die Geschichte selbst verstehst du, irgendjemand wird dir schon Lesen beigebracht haben, aber ich bezweifle, dass du ihre Bedeutung verstehst, was sie für dich persönlich bedeutet und beinhaltet.

Ich weiß, dass du denkst, dass diese Geschichte immer verrückter wird, und dass du, obwohl du schon soviel von ihr gehört hast, schlussendlich über Don Quijote nichts weißt. Ich gebe dir wieder eine Erklärung, wieder in Form eines Kochrezeptes.

Hast du noch nie beobachtet, wie ein Kieselstein im Tagesverlauf die Farbe wechselt? Dass er dir morgens grau oder schwarz erscheint. Dann, wenn die Sonne ihren Zenit erreicht und du das Wasser, das darüber fließt, glänzen siehst, eine bläuliche Farbe annimmt, du ihn dann, wenn es dunkelt, aus den Augen verlierst. Wenn du nun diesen Kieselstein nimmst und ihn an einen anderen Platz legst, wird er dann immer noch derselbe sein? Verstehst du? Nein?

Heilige Madonna, was bist du für ein Esel! Siehst du nicht, dass die Erscheinung der Dinge von dem Licht abhängt, das sie anstrahlt? Und von der Linse, mit der man sie betrachtet? Von den Umständen? Wenn nun aber ein verdammter Kieselstein im Verlaufe des Tages und je nach der Umgebung, in welcher er sich befindet die Farbe wechselt, ist es dann so unwahrscheinlich, dass ein Mensch sich im Laufe seines Lebens ändert? Und nun willst du, dass ich dir Don Quijote als jemanden vorstelle, der sich nicht ändert, damit du ihn in eine deiner Schubladen stecken kannst, als einen Verrückten, einen Träumer, als jemanden, der mit viel Phantasie ausgestattet ist, als ein Art Jesus Christus, als einen ewigen Rebellen, als Heuchler oder was weiß ich, was deine Einfalt dir sonst noch für Vorschläge liefert.

Mein Gott, du bist eine wirkliche Plage, weißt du? Um dir die Wahrheit zu sagen, ich glaube durchaus, einige didaktische Talente zu besitzen, aber der Versuch, in dein Hirn ein bisschen Licht zu bringen, ähnelt dem Versuch, einer Kuh tanzen beizubringen. Aber weißt du, was ich nicht verstehe? Warum willst du alles in irgendeine Schublade stecken? Warum interessierst du dich mehr für einen festen Zustand, als für die unendliche Anzahl an Möglichkeiten? Du bist schon ein eigenartiger Wurm, daran besteht kein Zweifel.

Du bist wie der Trottel, der mir letztens erzählte, dass die Geschichten was für Frustrierte sind und das Leben reicher ist, als jede Erzählung, Novelle, Theaterstück und so weiter... Wie witzig du bist! Wenn es so ist, wieso bist du dann hier? Weil du dieses Wochenende nichts Besseres zu tun hattest? Ach so. Ich glaubte, dein Leben wäre so voll mit Abenteuern, dass nur noch ein Dichter fehle würde, der den Reichtum und die Fülle dessen besingt, was du lebst, oder besser noch ein Musiker, denn so wunderschön sind deine Gefühle und so subtil deine Gedanken, dass nur noch die Musik den ganzen Zauber, den du in dir trägst, auszudrücken vermag.

Was? Eine Geschichte lesen ist der totale Genuss? Meine Güte, wie durchgeknallt bist du denn! Glaubst du nicht, dass ich dich gesehen habe, als du vor kurzem ein Buch gelesen hast? Dein rotes Gesicht, wie du ständig zur Küche marschiert bist, um was zu essen, wie du geschaut hast, wie viele Kapitel noch übrig sind, wie viele Seiten das Kapitel, das du gerade gelesen hast. Komm mir nicht mit so einem Blödsinn Mann und sag mir nicht, dass eine Geschichte schmackhafter ist, als eine richtig scharfe Wurst.

Ich habe dir schon gesagt, dass wir uns einigen könnten, wenn du ehrlich wärst, doch wenn du mir ständig mit deinem Schwachsinn ankommst, dann kommt mir der Ekel hoch.

Ich bin negativ? Mann, wenn man ein schönes Haus bauen will, dann muss man erstmal den Schutt beiseite schieben, testen, ob der Boden stabil ist, dann das Fundament setzen. Und wenn du dein Haus möblierst, dann wirf erst alle Möbel raus, die du hast und kauf dir neue, oder besser noch, mach sie selber.

Und kauf nicht die Sachen, die der Nachbar hat, kauf nichts, nur weil es teuer ist, kauf nichts, um anzugeben. Statte dein Haus mit dem aus, was dir gefällt, möblier deine Seele, mit den Dingen, die zu dir passen. Immer wenn du etwas Neues in der Hand hast, dann dreh es um, schau es von allen Seiten an und frag dich: Bin ich das? Anfangs wirst du nicht viel finden, deine Seele wird leer sein, doch eine leere Seele ist immer noch besser, als eine mit Müll und Unsinn angefüllte.

Weißt du, wann ich, Miguel de Cervantes Saavedra zum Dichter wurde? Als die Piraten mich gefangen nahmen und in Ketten nach Algier schleppten. Im Gefängnis gibst du nicht an, da liest du kein Buch, damit die anderen dich für gebildet halten, da machst du nichts, um andere zu beeindrucken und niemand erzählt dir Lügen oder schmeichelt dir, niemandem verkaufst du etwas und niemand verkauft die etwas. Da fängst du wieder bei Null an. Da machst du nichts für die anderen. Die Schönheiten, die sich im Gefängnis in deine Seele graben, sind keine Lügen, weil da niemand ist, denn du anlügen musst und alles, was an Müll in deiner Seele war, hat dort keinen Wert.

Was? Schon wieder der Neunmalkluge aus der Zukunft? In deinem Jahrhundert finden alle den Don Quijote so schmackhaft wie einen Braten? Ihr habt den vierhundertsten Jahrestag seines Erscheinens gefeiert? Es gab an verschiedenen Universitäten Kongresse und viel verrückte Philologen und andere Logen haben in Gegenwart aller möglichen Botschafter Konferenzen gegeben?

Und? Hast du was gelernt? Aber warum soll ich dich fragen, wenn du mir ohnehin nicht antworten wirst. Weißt du, so Typen wie dich habe ich hier auch, deswegen muss ich nicht in die Zukunft. Sie haben das ganze Haus voll mit Müll und wenn du sie fragst, warum sie ihn haben, dann werden sie sauer. Diese Pfaue zeigen ihre blutleere Gelehrtheit wie andere Leute ihre Krawatte. Sie mögen sich an Cide Hamete Benengeli ein Beispiel nehmen! Er kämpft verzweifelt um die Wahrheit, ihn interessiert nicht, was die anderen denken, er forscht nicht, um mit seiner Gelehrtheit anzugeben, denn da, wo er wohnt, gibt es niemanden, den er beeindrucken könnte.

Wir sehen in diesem Kapitel, dass eine Idee immer mehr Gestalt annimmt in seinem Kopf, eine Idee, die ihn banale Dinge erzählen lässt, die ihm aber bedeutsam erscheinen. Er erzählt sie uns nicht, weil sie schön sind, ganz im Gegenteil, schreckliche Dinge werden wir hören, doch er will nicht lügen, er akzeptiert die Tragödie, auch wenn sie sein Herz zerreißt. Besser die Wahrheit, so brutal sie auch sei, als die ewige Lüge.

Schrecklich ist es, was er erzählt, hört und lernt, dass diese Geschichte keine wohlschmeckende Speise ist, obwohl seine Protagonisten so üppig mit Käse, Würsten, Öl und geräuchertem Fisch ausgestattet waren, nachdem sie den Esel der Priester geplündert hatten. Ohne einen besonderen Grund, denn dies war nicht nötig, suchten sie einen Ort auf, wo sie all diese Köstlichkeiten genießen konnten. Sie setzten sich auf eine dichte Wiese von sattem Grün und aßen, bis sie nicht mehr konnten, obwohl Sancho Panza seinem Herrn bereits gesagt hatte, dass diese Überschreitung der Regeln der fahrenden Ritterschaft, die besagten, dass diese Ritter fasten müssen, ihnen noch viel Unheil bescheren könne. Nachdem das üppige Mal beendet war, oder besser gesagt, nachdem das begrenzte Fassungsvermögen ihrer Mägen es beendet hatte, bekamen sie Durst, denn Sancho Panza hatte vergessen, die exquisiten Weinflaschen mitzunehmen, die sich ebenfalls auf dem Esel befanden. Sie konnten jedoch aus der Dichte des Grases und dessen Frische schließen, dass es in der Nähe Wasser geben müsse, sei es Quelle oder Bach. Nachdem sie aufgesammelt hatten, was vom Essen noch übrig war, gingen sie los, um danach zu suchen.

Kaum hatten sie ein paar Schritte getan, als sie tatsächlich das süße Rauschen eines Baches hörten. Als sie dieses Rauschen hörten, erinnerte sich Don Quijote daran, was er über das goldene Zeitalter gehört hatte, wie es ja oft vorkommt, dass der Geruch oder ein Geräusch uns an etwas erinnert. Sein Herz strömte über vor Gefühlen und er offenbarte Sancho seine intimsten Gefühle, was, wie wir gleich sehen werden, ein Fehler war.

Don Quijote zu Sancho Panza:

„Ich bin gekommen um in dieses Eiserne Zeitalter ein Goldenes Zeitalter zu bringen. Ich bin gekommen, um die schönen Bräuche wieder aufleben zu lassen, ich bin gekommen, um eine neue Ordnung zu schaffen, um alles Unrecht zu rächen und alles zu bekämpfen, was die Ankunft dieses Goldenen Zeitalters behindern könnte.“

Sancho Panza, der sich in diesem Moment an seiner Seite befand, da er, seinen Esel an den Zügel führend, neben diesem herging, verspürte in diesem Moment ein banales Verlangen, so banal, dass es nie in den Geschichten auftaucht, nicht mal in den Werken der Historiker, weil in beiden nur das erzählt wird, was bezeichnend ist und dieses Verlangen gehorcht dem, was in den Därmen überflüssig ist, was also niemand wissen will. Warum erzählt Cide Hamete Benengeli uns das? Um die Bedürfnisse der Besoffenen in den Kneipen zu befriedigen? Damit eines dieser Monster, dem kein Zahn im Mund verblieben ist, der nach billigem Tabak riecht, mit zwei Beinen wie Stecken, die kaum noch den wohl gemästeten Bauch stützen, einen Höhepunkt hat, bei dem er und seine Saufkumpane in schallendes Gelächter ausbrechen können, damit sie sagen können "und er pisste, pisste und kackte, kackte" und sich dabei mit den Händen auf die Schenkel schlagen können? Bah! Viel wahrscheinlicher ist, dass er genau das fürchtete.

Und du? Was für eine Art Lust hast du gesucht? Bist du deshalb gekommen?

Cide Hamete Benengeli litt, als er dies erzählte. Mit den Augen voller Tränen, tauchte er die Feder in's Tintenfass und schriebe es auf.

Ja, ja, ja! Es war ein verrückter Flug. Wohin wollte er fliegen? Nirgendwohin, ins Goldene Zeitalter. Wo ist das? Doch kommt man irgendwohin, wenn man nicht mal verlangt, irgendwohin zu gehen? Mit zerrissenem Herzen hat Cide Hamete Benengeli dies aufgeschrieben.

Der Albatros, zur Sonne wollte er fliegen und hatte die Füße in der Scheiße. Wie leicht wäre es gewesen, es einfach nicht zu schreiben! Welch erniedrigenderes Bild kann es geben, für die Situation des Menschen! Flug der Phantasie, die du dich so leicht erhebst, du sitzt in der Scheiße und kehrst zurück zur Scheiße.

Cide Hamete Benengeli wusste, warum er erzählen musste, was nie erzählt wird. Es war nötig dies zu erzählen, weil es wahrer ist als das, was man bei Tageslicht sieht, da diese Dinge doch immer im Dunkeln bleiben. Mit zerrissenem Herzen schrie er "Wahrheit, Wahrheit, Wahrheit". Oh Cide Hamete Benengeli, mein Bruder! Gegen dein Volk kämpften die Katholischen Könige und noch heute besingt man diesen Kampf und eure Niederlage. Sicher hätte auch ich in jener Zeit mein Schwert erhoben, so wie ich es gegen die Türken tat. Oh wenn man wüsste, welche großen Seelen unter dem Banner des Halbmondes leben! Wie viele Angeber, Besoffene, Dumme leben in der Scheiße Spaniens, Leute, die nie den Flug aufnahmen und es nie tun werden und wie sanft können die Seelen deiner Erde sein. Als deine Tränen getrocknet waren, stecktest du deine Feder wieder ins Tintenfass und trankst den ganzen bitteren Saft. Ein Araber, mit zerrissenem Herzen, beschreibt die Größe unseres Landsmannes.

Don Quijote und Sancho Panza waren schließlich am Ufer des Baches angekommen, als sie plötzlich ein Geräusch hörten, dass sie vor Schreck zusammenfahren ließ. Es war ein Lärm, als ob riesige Wesen marschieren würden, ein Lärm, der von Monstern der Hölle verursacht zu sein schien, ein Eindruck, der von der Dunkelheit, die sie umgab, noch verstärkt wurde. Beide wurden anfangs vom Entsetzen gepackt, Herr und Knappe, doch der Herr war fahrender Ritter und er erinnerte sich daran, dass sich ein fahrender Ritter nie fürchtet, und dass es nichts gibt, was seinem starken Arm widersteht, obwohl sich in diesem Moment zum sanften Murmeln des Baches und dem Lärm der Riesen noch ein drittes Geräusch gesellte, nämlich das Klappern der wenigen Zähne, die Don Quijote noch verblieben waren. Ein Geräusch, das Sancho Panza ohne weiteres wahrnahm.

Sie folgten etwa einer Stunde der Richtung, aus der das Geräusch kam und als sich die Sonne am Horizont erhob, sahen sie eine Wassermühle vor sich, deren Rad, vom Wasser angetrieben, diesen höllische Lärm erzeugte. Beide verharrten sie stumm, Don Quijote schwermütig, weil es keine Schlacht zu gewinnen gab und Sancho Panza zuerst erleichtert und dann, unfähig sich zu beherrschen, lauthals lachend.

„Meine Güte“, sagte Sancho Panza, der manchmal richtig witzig sein konnte, „diese Giganten setzen sich der Ankunft des Goldenen Zeitalters heftig entgegen, man muss sie so schnell wie möglich vernichten.“

Dann kugelte er sich auf dem Boden vor Lachen, bis ihm fast der Atem wegblieb.

Don Quijote, der ihn anschaute und darauf wartete, dass er zu lachen aufhöre, sagte zu ihm:“Zweifelst du etwa, dass ich sie angegriffen hätte, wenn es ruchlose Riesen der Hölle gewesen wären?“

Daran zweifeln wir überhaupt nicht, denn wir haben viele Beweise dafür und mehr davon werden wir in den folgenden Kapiteln erhalten.