Capítulo vigésimo primero

Que trata de la alta aventura y rica ganancia del yelmo de Mambrino, con otras cosas sucedidas a nuestro invencible caballero y donde aprendemos que algunas cosas que parecen locas son muy normales y otras cosas menos divertidas.

Canta al vino Omar Chayyam, el gran poeta persa,

porque en este rojo, tan hermoso, la vida se refleja.

Dice el poeta, que la vida no es lo que ve el ojo,

la vida es el vuelo hacia lo divino.

El vino del poeta, esto creemos,
para él es signo de que podemos alzarnos.
¡Cuán hermoso el color de nieve de los dientes
cuando se mezclan con el vino los labios sonrientes!

¿Qué hay más eterno que la ebriedad del momento?
y ¿por qué se mide el tiempo en horas y minutos?
y ¿qué sentido tiene tan absurda mecánica,
si un minuto puede ser eterno e irrelevante la hora?

Esto vale para Omar Chayyam, el gran poeta persa,

que tenía el alma grande y una imaginación divina;
pero si deliran los Sancho panzas y Quijotes de esta Tierra,
tan probable es que traigan el cielo al mundo
como lo contrario, que conviertan la Tierra en infierno.

Siguieron su camino Don Quijote y su escudero y siendo Don Quijote como era, la próxima hazaña no se hizo esperar.

Vislumbraron a lo lejos un hombre sobre un asno, lo que ya habría bastado para encontrar singular batalla; pero este hombre, además, llevaba sobre la cabeza un bacín de barbero, que relucía con el sol, lo que lo convirtió ipso facto en feroz enemigo, que no es tan raro como se cree, porque al igual que el deseo es el padre del pensamiento y mucho más de la fantasía, vemos lo que deseamos ver y lo que no queremos ver, en general, no lo vemos.

 

 

Podría uno preguntarse por qué el barbero llevaba su bacín sobre la cabeza, ¿pero qué relevancia tiene esto? Cide Hamate Benengeli, nuestro hermano, lo menciona en una nota a pie de página para satisfacer la curiosidad del lector que no sabe distinguir entre las cosas irrelevantes y las significativas, o sea, la mayoría de los lectores.

Supongamos, aunque no tiene ninguna importancia, que este señor tenía un sombrero nuevo y para que no se le estropease, se había puesto el bacín, que era de metal duro.

Si hubiésemos asistido a lo que sigue, habríamos visto a un caballero sobre un jamelgo que baja su lanza y arremete al barbero y que éste, para salvarse, se bajó de su asno y echó a correr por el campo. Sí, ésta es toda la historia. ¿Y qué habrías aprendido tú si hubieses asistido a esta escena? ¡Nada!

Te lo digo porque tú eres de aquéllos que siempre dicen que los libros son un sustituto de la vida y más vale el original que la copia. Punto de vista, completamente erróneo.


Primero te habrás dado cuenta de que toda España leía los libros de caballería y que había gente que se comportaba como tales, así que parece más bien que la vida sea una copia de la Literatura y si hubieses asistido a esta escena, como asistes a miles de escenas similares en la vida cotidiana, ¿qué conclusión habrías sacado?

Muy probablemente ninguna, porque con lo necio que eres, no habrías prestado atención o habrías interpretado la escena con tu filosofía de cocina.

Sólo el rigor científico que encuentras, por ejemplo, en los libros de Cide Hamate Benengeli, te permite comprender la vida. No encuentras la verdad en los regocijos baratos y en los libros que te hacen cosquillas sin que salgas de tu estrecho círculo.

¡Y no creas que leer libros es un placer sin más! Si Cide Hamate Benengeli pone tantísimo esfuerzo en escribirlos, buscando la verdad y sólo la verdad, dudando mucho antes de añadir una frase, ¿por qué te crees que es tan fácil leerlos? ¿Tú crees que Cide Hamate Benengeli es como tu compañero Jaime que solamente te cuenta cosas que ya sabes y que por lo tanto entiendes perfectamente incluso cuando estás borracho?

 

Don Quijote había atacado a un barbero inofensivo, tomándolo, siendo el deseo el padre de lo que quería ver, por un caballero andante que llevaba el famoso yelmo de Mambrino que él en singular batalla había de conquistar. Con tu Filosofía de cocina dirás ahora que los hechos son lo importante, alegando algo así como que "lo que cuentan son los hechos, no las palabras" o "se reconoce a una persona por lo que hace y no por lo que dice" o tonterías similares. ¿Pero cómo evaluar esta hazaña sin conocer los motivos que la desencadenaron?

¿Acaso la justicia, si quiere ser justa, no debe tomar en consideración también los motivos de un acto? Tenemos aquí un loco, que ataca a un barbero inofensivo para conquistar una cosa sin valor, un bacín, que él toma por un famoso yelmo. Claro está que quería robarle algo, pero creyó que se lo robaba a un ladrón y no lo robó para hacerse más rico, sino para conseguir fama.

 

El escudero sabía perfectamente que su amo había atacado a un ser inofensivo y que después el barbero se había escapado. ¿No se va a interesar un juez, si quiere ser justo, por los motivos y por lo tanto por la plática que el amo y su escudero tuvieron y que revela sus respectivos motivos? Cuando el escudero dice, que el valor del bacín es de un real, está claro que sabía de qué se trataba. Cuando Don Quijote se pone el bacín en la cabeza y empieza a buscar la visera, con lo que su escudero se destornilló de la risa, porque le pareció muy gracioso que su amo buscara la visera sabiendo él que era sólo un bacín de barbero.

 

Para ti, lector mío, que tan fácilmente te dejas engañar, el caso está claro. Tú dirías que lo que hizo el escudero se debe llamar robo y con más clemencia juzgarías a su amo, porque él estaba loco. ¿Pero si fueras un juez serio, inclemente cuando hace falta, no serías más severo si conocieras el resto de la plática?

 

Tanto el amo como su escudero querían robar este bacín, el uno porque era legítimo según las leyes de la caballería andante y el otro porque no necesitaba justificación alguna para cometer un robo, porque le bastaba ser el más fuerte y no le hacía falta embellecer ni dulcificar la crudeza de los actos.

¿Pero como se debe interpretar el hecho de que casi asintió a que se robara todo lo que al barbero pertenecía? Sancho Panza preguntó a su amo si podía cambiar su asno por el del barbero, que era mucho más fuerte y estaba mejor nutrido. A esto Don Quijote le respondió que no le constaba que hubiese ejemplo para esto en sus libros y que tampoco había leído nunca en los libros sobre los caballeros andantes, que tras la contienda, hubiesen desvalijado a los vencidos.

¿Pero no habría debido responder de la misma forma, cuando Sancho Panza le preguntó si no se podría, al menos, sustituir sus aparejos por los del barbero? Y a esto, Don Quijote consintió.


Un juez ¿qué diría? ¿Diría que había mucho sentido práctico en esta locura? ¿Que utilizaba la locura para disfrazar los motivos reales? Que Don Quijote disfrazaba la verdad, para que el otro pudiera, solapadamente, robar. Ningún español se atrevería a decirlo y yo únicamente repito lo que Cide Hamate Benengeli, el árabe, escribió.

¿Pero no eran los Reyes Católicos Don quijotes y los conquistadores Sancho panzas? Hermoso era llevar la fe cristiana a las Indias, crear una nueva Edad de Oro, inundar estas tierras con una locura. Sus majestades reales no podían decir que lo hacían simplemente porque eran ladrones, negreros o usurpadores.

 

Entonces el pueblo no los habría respetado porque habrían sido igual que ellos y tampoco lo habría aceptado su propia autoestima. No obstante, a los Sancho panzas que mandaron a las Indias les encantaba la fe cristiana y siempre la tenían en la boca, porque les proporcionaba frutas muy sabrosas. La fe cristiana para ellos era un lujo. Resulta más bonito robar cuando hay voluntad divina detrás; pero si no la hay, igualmente se puede robar sin ella. Y por esto son tan famosas las hazañas de Don Quijote. Mientras haya locura que disfraza los deseos, y la habrá siempre, es verdadera esta historia.

 

¡No, de los simples hechos no aprendemos nada! Vamos a ver cómo sigue la plática.

Bien había notado el escudero, que de esta manera, cabalgando por tierras desiertas, no se conseguiría jamás fama alguna, porque no había nadie a quien poder contar las hazañas y propuso a su amo que mejor sería si sirviera a un rey que estuviese en guerra y necesitara su brazo fuerte. A lo que Don Quijote respondió que era buena idea, pero que antes de ofrecer sus servicios a un rey, había que haber conquistado fama porque si no, el rey no reconocería su valor.


¿Había cordura en su locura? Porque ésta no era ninguna respuesta loca. Encerraba mucha lógica tal afirmación de Don Quijote ¿Pero cómo un rey habría podido enterarse de las proezas de tan valiente caballero si nadie las cantaba? Y, por estos pagos, no había nadie para ensalzarlas y enaltecerlas. ¿Prefería Don Quijote vivir su sueño y cuidarlo en soledad antes que exponerlo a la realidad?

Se asemeja a ti, mi querido lector, que eres también poeta, inteligente, generoso, guapo y atractivo y no ves ninguna necesidad de comprobar si esto es cierto o no, porque tanto vale el sueño como la realidad. Nada grave mi hijito, así somos todos. Pero cuán más verdaderas son estas pláticas solitarias que nunca serán conocidas por nadie, que aquéllas que van en serio, con las cuales se quiere lograr un determinado fin.


Lo le cuenta Don Quijote a Sancho Panza de cómo se imaginaba su entrada en la corte real, habiendo ya conquistado fama como caballero andante en las regiones más apartadas de España, nos hace pensar en los cuentos de hada, en las eternas aunque estériles fantasías, que son las mismas desde el principio de los tiempos. Se imaginaba y contaba a Sancho Panza cómo el rey lo recibió, cómo la princesa se enamoró inmediatamente de él, cómo derrotó a todos los enemigos de aquel rey por lo cual la princesa lo amaba aun más si cabe, cómo le otorgaron todas las insignias de un gran señor. Le contaba al detalle, su matrimonio con la princesa y cómo se hizo rey al morir el padre de ella.

 

Lo cuenta todo minuciosamente el árabe Cide Hamate Benengeli. Y no lo hace para humillarnos. En su cámara de estudio y en su soledad, lejos están de él todos los sentimientos viles y bien sabe él que unos conquistan bajo la bandera de Allah y otros bajo la bandera de Jesús.

No es por maldad, por lo que nos desdeña, cuando cita palabra por palabra esta respuesta de Sancho Panza al mencionar su amo lo que haría si el rey no le otorgaba los honores que merecía su fuerte brazo, sino por mostrar la verdad, aunque sea cruda.

 

Cuando Don Quijote mencionó la posibilidad de que el rey lo rechazara por no ser él hijo de rey y que, en ese caso, se casaría con la princesa, que tanto lo amaba para hacerlo, sin el consentimiento del padre, Sancho Panza dijo.

Sancho Panza:

Ahí entra bien también lo que algunos desalmados dicen, no pidas de grado lo que puedes tomar por fuerza.

Desalmados llama Sancho Panza a los que no ruegan si pueden tomar algo por la fuerza. A ti no te hace falta embellecer el robo ni te hace falta religión cuando estás arriba. Sólo una pequeña diferencia hay entre el amo y su escudero. El primero envolvía sus deseos en papel de regalo; y el otro los mostraba abiertamente al mundo.


¡Ay pueblo español! Tan grande como la salida, tiene que ser la llegada. No basta empezar de cero en el instante de partir, hay que hacerlo también en el momento de llegar. ¿Para qué sueñas con princesas anémicas que llevan zapatos adornados con perlas, cuya palidez que las hace ruborizarse cada vez que sienten un anhelo profundo que dentro de poco tendrá olor a flor de papel o con su entorno que dice no a la vida? ¿Por qué no sueñas con la gitana que va descalza, que coge las flores donde las encuentra, que sonríe al gitano cuando toca la guitarra y que no conoce al rey ni quiere conocerlo? ¿Por qué no cantas la belleza de la mujer española?

Ay Valencia

Ay Valencia ¡qué tierra tan lejana!
¿Que tipo de flores habrá allí?,
¿Cómo mirará la luna a estas flores?
Y ¿qué tipo de música las hará sonreír?

¿Cómo murmuran las olas en esas tierras?
Y ¿cuáles serán los sueños de las chicas que se bañan allí?
Y si no sueñan, ¿qué tipo de carcajadas se podrá oír?

Y ¿qué piensa la luna de todas ellas que duermen allí?
¿Les sonríe cuando sueñan

o les hace cosquillas, para verlas reír?

Deja a la princesa aburrirse en su palacio, nada brilla de forma tan hermosa como el corazón del pueblo español que la vida abraza. Deja a los duques, condes y marqueses hacer sus juegos bien educados, olvídate de los farsantes. Tú, canta la vida.

Ningún rey será el orgullo de España y con ninguna batalla vas a conquistar eterna fama. Tantos reyes hubo como tantos cayeron en el olvido. Tantas batallas has ganado y ninguna te hizo famosa. Trata de conquistar los corazones, moverlos, sorprenderlos, despertarlos y conquistarás fama eterna.

Quiero sentir el despertar del canto,
que incluso en las piedras duerme
y que se entienda en el fondo de cualquier alma,
la luna que brilla clara y resplandeciente.

Quiero tener un tambor para tocar la utopía,

en los ojos del gusano más vil
ver asomar la sorpresa
y quiero, ver desaparecer toda ideología.

Quiero que no haya más verdades,
que la piel no sienta.
Y que entre la piel y el puño,
aparezca la belleza.

¡Pueblo español! ¡No te dejes abrumar por sueños estériles! Canta la edad dorada. Hazlo con un guiño en el ojo, hazlo con humor, no la cantes como este señor seco que se volvió loco por no haber vivido nunca.

A gran partida, más hermosa llegada. ¡Más reyes hay en esta tierra, que arena en la playa y por cada rey, cien que también quieren serlo! Y tantas batallas había donde caballeros andantes querían conquistar fama, que nadie se interesa ya por saber, dónde están sepultados los huesos de los vencedores ni de los vencidos. Tantos Quijotes hubo que salieron para enderezar entuertos y no enderezaron ninguno, pero engendraron muchos Sancho panzas, porque tan loca no era su locura. Tú, ponlo todo al revés. Desdeña lo que se adora y canta lo que se desprecia.

 

Diecinueve años tiene esa mujer
y se parte el alma para sostener,
seis o siete hermanos menores de diez.
El sol aparece y ella echa andar...
camino al trabajo, otro día igual.

Ella no es mentira para disfrazar
de rosa la vida, eso no es verdad.

De mirada triste y sonrisa audaz,
parece una hormiga para trabajar.
Sabe bien que el mundo no se detendrá,
no cabe el cansancio ni la enfermedad
en sus manos leves, recias para dar...
¿Quién le enseñaría su modo de amar?

No se ha preguntado,
porque aún siendo niña, ¡ha dejado de jugar!
Ella no es mentira, es una mujer
que ama la vida sin pensar por qué.
Ella no es mentira, lo puedo asegurar,
junto a ti camina, ¡detente a mirar!

Diecinueve años tenía esa mujer,
prometí no olvidarla, ¡no lo haré!

Con esta locura conquistarás fama, porque será una locura nueva que no necesita combatir molinos de viento. Y para esta locura tampoco hay que cabalgar por tierras apartadas, porque es una locura que no hay que esconder. Y para esta locura no hace falta tampoco estar loco para encontrar la ocasión en la cual la fuerza del brazo pueda mostrar su poder.

 

Kapitel einundzwanzig

Die von dem außergewöhnlichen Abenteuer und dem wertvollen Gewinn des Helms des Mambrino handelt und auch von anderen Dingen, die unserem unbezwingbaren Held zugestoßen sind und wo wir lernen, dass manche Dinge, die verrückt erscheinen, ganz normal und andere weit weniger lustig sind

Den Wein besingt Omar Chayyam, der große persische Dichter,
denn dieses Rot, so herrlich, ist des Lebens Spiegel.
Es sagt der Dichter, dass das Leben mehr ist als was sichtbar,
dass es der Flug ist, hin zum Göttlichen.

Der Wein des Dichters, das ist es, was wir glauben,
ist ein Zeichen, dass wir uns erheben können.
Wie schön sind doch die schneeweißen Zähne,
wenn sich mit dem Wein vermischen die lächelnden Lippen.

Was währt länger, als die Trunkenheit des Momentes?
Und warum misst man die Zeit in Stunden und Minuten?
Und welchen Sinn hat diese absurde Mechanik,
wenn die Minute ewig währt und die Stunde nichtig?

Das gilt für Omar Chayyam, den großen persischen Dichter,
dessen Seele weit und dessen Phantasie göttlich.
Doch wenn die Sancho Panzas und Don Quijotes dieser Erde delirieren,
dann ist es so wahrscheinlich, dass der Himmel sinkt zur Erde
wie das Gegenteil, dass die Erde wird zur Hölle.

Don Quijote und Sancho Panza gingen ihres Weges weiter und da Don Quijote nun mal der war, der er war, ließ das nächste Abenteuer nicht lange auf sich warten. In der Ferne sahen sie einen Mann auf einem Esel, was schon allein genügt hätte, um eine einzigartige Schlacht zu erleben. Zudem trug dieser Mann eine Messingschüssel auf dem Kopf, der Art wie sie Barbiere benutzen, um Schaum zu schlagen, die in der Sonne glänzte, was ihn schon von sich aus zu einem Feind machte, was nicht so merkwürdig ist wie man glaubt, denn so wie der Wunsch der Vater des Gedankens ist und in noch größerem Maße der Phantasie, sehen wir, was wir sehen wollen und was wir nicht sehen wollen, das sehen wir normalerweise auch nicht. Man könnte sich fragen, warum der Barbier seine Schüssel auf dem Kopf trug, doch welche Bedeutung hat das? Cide Hamete Benengeli, unser Bruder, erwähnt es in einer Fußnote, um die Neugierde des Lesers zu befriedigen, der zwischen den unbedeutenden und den aussagekräftigen Dingen, also der Mehrheit der Leser, nicht zu unterscheiden weiß.

Wir nehmen an, ohne es tatsächlich zu wissen, dass dieser Herr einen neuen Hut hatte und damit dieser nicht kaputt gehe, hatte er die Schüssel darauf gesetzt, die aus hartem Metall war.

Hätten wir der Szene, die jetzt folgt, beigewohnt, dann hätten wir gesehen, dass ein Reiter auf einem Klepper seine Lanze senkt und den Barbier angreift, und dass dieser, um sich zu retten, von seinem Esel sprang und über die Felder davonlief. Ja, das ist die Ganze Geschichte. Was hättest du gelernt, wenn du dieser Szene beigewohnt hättest? Nichts! Ich sage dir das, weil du zu denen gehörst, die sagen, dass die Bücher nur ein Ersatz für das Leben sind und das Original besser ist als die Kopie. Ein völlig falscher Standpunkt.

Erstens wirst du gemerkt haben, dass man in ganz Spanien Ritterbücher las, und dass es Leute gab, die sich auch so verhielten wie solche, es scheint also eher so zu sein, dass das Leben eine Kopie der Bücher ist und wenn du dieser Szene beigewohnt hättest, wie du schon im Alltag tausend ähnlicher Szenen beigewohnt hast, welche Schlussfolgerungen hättest du dann gezogen? Sehr wahrscheinlich gar keine, denn dämlich wie du bist, hättest du nicht darauf geachtet oder sie mit deiner Küchenphilosophie interpretiert.

Nur der wissenschaftliche Ernst, wie du ihn zum Beispiel in den Büchern von Cide Hamete Benengeli findest, erlaubt es dir, das Leben zu verstehen. Du findest die Wahrheit nicht in den billigen Gelüsten und in den Büchern, die dich kitzeln, ohne dass du aber deshalb deinen engen Kreis verlässt.

Und glaub nicht, dass Bücher Lesen nur ein weiterer Genuss ist! Wenn Cide Hamete Benengeli soviel Mühe darauf verwendet, sie zu schreiben, die Wahrheit und nur die Wahrheit sucht, dabei lange zögert, bevor er einen Satz hinzufügt, warum glaubst du dann, dass es einfach ist, diese zu lesen? Glaubst du, dass Cide Hamete Benengeli deinem Kumpel Jaime ähnelt, der dir nur Dinge erzählt, die du ohnehin weißt und die du folglich selbst dann noch verstehst, wenn du besoffen bist?

Don Quijote hatte den harmlosen Barbier angegriffen, da er ihn, der Wunsch war der Vater dessen, was er sehen wollte, für einen fahrenden Ritter hielt, der den berühmten Helm des Mambrino trug, den er in einer nie dagewesenen Schlacht erobern musste. Mit deiner Küchenphilosophie wirst du jetzt so etwas in der Art sagen wie "was zählt, sind die Tatsachen" oder "man erkennt jemanden daran, was er tut und nicht daran, was er sagt" oder andere Dummheiten dieser Art. Doch wie soll man sich eine Meinung über diese Heldentat machen, wenn man nichts über die Motive weiß, die sie auslösten? Muss nicht etwas die Justiz, will sie gerecht sein, auch die Motive einer Tat berücksichtigen? Wir haben hier einen Verrückten, der einen harmlosen Barbier angreift, um etwas ohne Wert zu erobern, eine Schüssel, die er für einen berühmten Helm hält. Natürlich wollte er etwas stehlen, doch er glaubte, dass er es einem Dieb stehle und er stahl auch nicht, um reich zu werden, sondern um sich Ruhm zu erwerben.

Der Knappe wiederum wusste genau, dass sein Herr ein völlig harmloses Wesen angegriffen hatte und der Barbier dann geflüchtet war. Wird sich ein Richter, wenn er gerecht sein will, sich jetzt nicht für das Zwiegespräch interessieren, dass der Herr mit dem Knappen führte und dass die wahren Motive enthüllte? Wenn der Knappe sagt, dass der Wert der Schüssel einen Real beträgt, dann ist klar, dass er wusste, worum es sich handelte. Wenn Don Quijote sich die Schüssel auf den Kopf setzt und das Visier sucht, was den Knappen ungemein amüsierte, weil es ihm witzig schien, dass sein Herr das Visier suchte, er jedoch wusste, dass es nur eine Schüssel war, wie Barbiere sie verwenden.

Für dich, mein Leser, der du dich so leicht täuschen lässt, ist der Fall klar. Du wirst sagen, dass das, was der Knappe getan hat, Raub ist, dein Urteil über seinen Herrn jedoch fällt milder aus, weil dieser verrückt war. Doch wenn du ein ernsthafter Richter wärest, unerbittlich wenn nötig, wärest du dann nicht strenger, wenn du den Rest des Zwiegespräches kennen würdest?

Sowohl der Herr wie auch der Knappe wollten diese Schüssel stehlen, der eine, weil dies nach den Regeln der fahrenden Ritter erlaubt war und der andere, weil es keiner Rechtfertigung für einen Raub bedurfte, wenn man der Stärkere war und kein Bedarf bestand, die Rohheit der Taten zu verschönern.

Doch wie soll man die Tatsache interpretieren, dass er fast zustimmte, als es darum ging, den Barbier vollständig auszuplündern? Sancho Panza fragte seinen Herrn, ob er seinen Esel gegen den des Barbiers, der sehr viel stärker und wohlgenährter war, austauschen könne. Don Quijote antwortete darauf, dass ihm nicht erinnerlich sei, dass es hierfür ein Beispiel in seinen Büchern gäbe, und dass er in den Büchern über die fahrenden Ritter auch noch nie gelesen habe, dass nach einem Kampf die Besiegten ausgeraubt würden. Aber hätte er nicht auf die gleiche Art antworten müssen, als Sancho Panza ihn fragte, ob man nicht zumindest sein Saumzeug gegen das des Barbiers austauschen könne? Denn diesem Austausch stimmte Don Quijote zu.

Was würde ein Richter sagen? Würde er sagen, dass diese Verrücktheit viel praktischen Sinn beinhalte? Dass er die Verrücktheit benutzte, um die wahren Motive zu verschleiern, damit der andere, hinterlistig, stehlen kann. Kein Spanier würde es wagen, dies zu sagen und ich wiederhole nur, was Cide Hamete Benengeli, der Araber, geschrieben hat.

Aber waren nicht die Katholischen Könige Don Quijotes und die Eroberer Sancho Panzas? Herrlich war es, den christlichen Glauben nach Amerika zu tragen, ein neues Goldenes Zeitalter zu schaffen, diesen Teil der Erde mit einer Verrücktheit zu überfluten. Ihre königlichen Hoheiten konnten nicht einfach sagen, dass sie dies taten, weil sie Räuber wären, Sklavenhändler, Eroberer. Dann hätte das Volk sie nicht mehr respektiert, denn sie wären so gewesen, wie sie selbst und auch ihre Selbstachtung hätte dies nicht erlaubt. Die Sancho Panzas jedoch, die sie nach Amerika schickten, faszinierte der christliche Glaube und sie führten ihn auch immer im Munde, denn er brachte ihnen sehr schmackhafte Früchte. Der christliche Glaube war für sie ein Luxus. Es ist schöner zu stehlen, wenn dies dem göttlichen Willen entspricht, doch wenn dieser nicht da ist, dann kann man auch ohne diesen stehlen. Solange es eine Verrücktheit gibt, die die Wünsche verschleiert, und eine solche wird es immer geben, ist dies eine wahre Geschichte.

Nein, aus den Tatsachen allein lernen wir nichts! Schauen wir, wie das Gespräch weitergeht.

Dem Knappen war aufgefallen, dass man auf diese Art, also indem man durch abgelegene Gegenden ritt, nie wird Ruhm erlangen können, denn es gab niemandem, dem man die Heldentaten hätte erzählen können und so schlug er seinem Herrn vor, dass es besser wäre, einem König zu dienen, der sich im Krieg mit einem König befände und einen starken Arm bräuchte. Don Quijote antwortete hierauf, dass dies wohl wahr sei, doch bevor er seine Dienste einem König anbiete, müsse er erstmal Ruhm erwerben, denn sonst könnte der König seinen Wert nicht erkennen.

Gab es in dieser Verrücktheit Verstand? Denn dies war keineswegs eine verrückte Antwort. Diese Aussage Don Quijotes enthielt viel Logik. Doch wie konnte ein König von den Heldentaten eines fahrenden Ritters erfahren, wenn niemand sie besang und in diesen Gegenden, gab es niemanden, der sie hätte besingen können. Wollte Don Quijote seinen Traum in der Einsamkeit leben und ihn nicht der Realität aussetzen?

Er ähnelt dir, mein lieber Leser. Auch du bist ein Dichter, intelligent, großzügig, schön, attraktiv und siehst dich in keinster Weise veranlasst, zu überprüfen, ob dies richtig sei, denn der Traum ist so schön wie die Wahrheit. Nichts Schlimmes mein Sohn, wir sind alle so. Doch wie viel wahrer sind doch diese Zwiegespräche in der Einsamkeit, von denen nie jemand etwas erfahren wird, als jene, die ernsthaft geführt werden, mit denen man etwas erreichen will.

Was Don Quijote Sancho Panza erzählte, wie er sich sein Erscheinen am königlichen Hof, nachdem er in den entlegensten Gegenden Spaniens Ruhm erlangt hatte, vorstellte, erinnert uns an die Märchen, an die ewig gleichen doch sterilen Phantasien, die schon seit Anbeginn der Zeiten sich ähneln. Er malte sich aus und erzählte es Sancho Panza, wie der König ihn empfangen würde, die Prinzessin sich sofort in ihn verlieben würde, wie er die Feinde dieses Königs vernichten würde, weshalb ihn die Prinzessin noch mehr lieben würde, so dies den überhaupt möglich wäre, wie man ihm alle Insignien eines großen Herrn zugestehen würde. Er erzählte ihm im Detail seine Heirat mit der Prinzessin und wie er nach dem Tod des Vaters König werden würde.

All das erzählt der Araber Cide Hamete Benengali. Er tut das nicht, um uns zu erniedrigen. In seinem Studierzimmer und seiner Einsamkeit ist er weit entfernt von allen Gefühlen der Niedertracht und er weiß sehr wohl, dass die einen unter dem Banner Allahs, die anderen unter dem Banner Jesus Christus erobern. Nicht aus Boshaftigkeit, weil er uns verachtet, zitiert er Wort für Wort, was Sancho Panza erwiderte, als sein Herr erwähnte, was er tun würde, wenn der König ihm die Ehren, die ihm aufgrund seines starken Armes zukämen, ihm nicht gewähren würde, sondern um die Wahrheit zu sagen, auch wenn diese grausam ist.

Als Don Quijote die Möglichkeit erwähnte, dass der König ihn zurückweisen könnte, weil er nicht der Sohn eines Königs wäre und er in diesem Falle ohne das Einverständnis des Königs die Prinzessin, die ihn so liebte, heiraten würde, erwidert Sancho Panza.

Sancho Panza:

„Hier passt ganz gut, was einige Ruchlose sagen: Bitte nicht höflich um das, was du auch gewaltsam nehmen kannst.“

Ruchlos nennt Sancho Panza diejenigen, die nicht bitten, wenn sie etwas mit Gewalt nehmen können. Du musst den Raub nicht schmücken und du brauchst auch keine Religion, wenn du oben bist. Nur einen kleinen Unterschied gibt es, zwischen dem Herrn und seinem Knappen. Der erste wickelte seine Begierden in Geschenkpapier ein. Der zweite zeigte sie offen der Welt.

Oh Volk Spaniens! So groß wie die Abfahrt muss auch die Ankunft sein. Es reicht nicht, in der Stunde der Abfahrt bei Null zu beginnen, man muss dies auch bei der Ankunft tun. Warum träumst du von blutleeren Prinzessinnen, die mit Perlen verzierte Schuhe tragen, deren Blässe errötet, wenn sie einen tieferen Wunsch fühlen, der bald den Geruch einer Papierblume haben wird oder von ihrer Umgebung, die nein zum Leben sagt? Warum träumst du nicht von der barfüßigen Zigeunerin, die dem Zigeuner zulächelt, wenn er die Gitarre spielt und die den König nicht kennt und ihn nicht kennen will. Warum besingst du nicht die Schönheit der spanischen Frau.

Ay Valencia

Ay Valencia, weit entferntes Land!
Was für Blumen gibt es dort?

Wie schaut der Mond diese Blumen an?
Und welche Musik entlockt ihnen eine Lächeln.

Wie murmeln die Wellen in diesem Land?
Und was sind die Träume der Mädchen, die dort baden?

Und wenn sie nicht träumen, welches Gelächter kann man da hören?

Und was denkt der Mond über sie, die dort schlafen?

Lächelt er ihnen zu, wenn sie träumen,
oder kitzelt er sie, um ihnen ein Lächeln zu entlocken?

Lass sich doch die Prinzessin in ihrem Palast langweilen, nichts glänzt so schön, wie das Herz des spanischen Volkes, wenn es das Leben umarmt. Lass die Grafen, Herzöge und Barone ihre wohlerzogenen Spiele spielen, vergiss die Angeber. Besinge das Leben.

Kein König wird der Stolz Spaniens sein und mit keiner Schlacht, wirst du ewigen Ruhm erringen. So viele Könige gab es schon und so viele fielen der Vergessenheit anheim. So viele Schlachten gab es und keine hat dich berühmt gemacht. Versuch die Herzen zu erobern, sie zu rühren, sie zu überraschen, sie aufzuwecken und du wirst ewigen Ruhm ernten.

Ich möchte, dass der Gesang erwacht,
der selbst noch in den Steinen ruht,
dass man erfährt, dass im Grunde jeder Seele
hell und klar, der Mond ruht.

Ich möchte eine Trommel haben, darauf die Utopie zu trommeln,
noch in den Augen des gemeinsten Wurms
möchte ich Erstaunen sehen,
möchte, dass es keine Ideologien mehr gebe.

Ich möchte, dass es keine Wahrheiten mehr gibt,
die die Haut nicht spürt
und dass zwischen der Haut und der Faust
die Schönheit entsteht.

Spanisches Volk! Lass dich nicht erdrücken von sterilen Träumen! Sing das Goldene Zeitalter. Mach es mit einem Augenzwinkern, sing es nicht wie jener trockne Herr, der verrückt geworden ist, weil er nie gelebt hat.

Zum großen Aufbruch, noch herrlichere Ankunft. Es gibt mehr Könige auf dieser Welt, als Sandkörner am Meer und für jeden König, Tausende, die es auch werden wollen. Und so viele Schlachten gab es, wo fahrende Ritter Ruhm erwerben wollten, dass sich nun niemand mehr dafür interessiert, wo die Knochen der Sieger und Besiegten begraben liegen. So viele Quijotes gab es, die auszogen, Unrecht zu rächen und kein einziges gerächt haben, dafür aber viele Sancho Panzas schufen, denn so verrückt ist ihre Verrücktheit gar nicht. Dreh alles um. Verachte was man bewundert und besinge was man verachtet.

Neunzehn Jahre ist diese Frau alt
und sie reibt sich auf, um ihre
sechs oder sieben kleinen Geschwister durchzubringen.
Die Sonne geht auf und sie macht sich auf den Weg...
zur Arbeit, wie jeden Tag.

Sie ist nicht eine dieser Lügen,
um das Leben rosa zu verkleiden, das ist keine Wahrheit.
Mit traurigen Augen und einem kühnen Lächeln,
scheint sie wie eine Ameise bei der Arbeit zu sein.
Sie weiß, dass die Welt nicht anhalten wird,
kein Platz ist weder für Müdigkeit noch Krankheit.
Ihre leichten und rauen Hände, um zu geben...
Wer wird sie lehren auf ihre Art zu lieben?

Sie hat sich nie gefragt,
wieso sie schon als Kind, aufgehört hat zu spielen!
Sie ist keine Lüge, sie ist eine Frau,
die das Leben liebt, ohne zu wissen warum.
Sie ist keine Lüge, das kann ich dir versichern,
sie geht neben dir, nimm dir die Zeit sie zu sehen.

Neunzehn Jahre hatte diese Frau, ich versprach, sie
nicht zu vergessen, ich werde es nicht machen!

Mit dieser Verrücktheit wirst du Ruhm erwerben, denn dies ist eine neue, noch nie dagewesene Verrücktheit, die auch nicht gegen Windmühlen zu kämpfen braucht. Für diese Verrücktheit braucht man auch nicht kreuz und quer durch entlegene Gegenden zu reiten, denn es ist eine Verrücktheit, die man vor niemandem zu verstecken braucht. Für diese Verrücktheit muss man nicht mal verrückt sein, um etwas zu finden, wo ein starker Arm seine Macht zeigen kann.