Capítulo vigésimo séptimo

De cómo salieron con su intención el cura y el barbero, con otras cosas dignas de que se cuenten en esta grande historia

A los locos

Buena cosa es ser un loco
Siempre, claro, que no sea aburrido.
Tonto, el loco que la locura imita,
la locura verdadera, la locura jamás vista,
la locura adquirida en largos combates,
en combates solitarios en tierras pobladas,
esta locura, sí es una hermosa locura.
Esta locura que es loca porque parte de cero,
ésa es una hermosa locura.
La locura que parte de cero,
que parte de un alma desierta,
esto es una hermosa locura.
La locura que partió de cero
para alcanzar las estrellas,
esto es una hermosa locura.
La locura cuerda es hermosa,
pero aquella locura estéril,
que, empujada por fuerzas desconocidas,
da vueltas sin saber qué empuja,
esto es una locura horrible.
El hermoso loco, sabe lo que hace
y el cuerdo. No tiene ni puta idea.

¡Cuán lejos está la verdad de lo que todo el mundo cree! ¡Cuán raro es el corazón humano!
¡Cuánto aprendemos sobre la verdad de los hechos, por la forma en que se nos cuentan y cuán insignificantes son los hechos mismos!
¿Qué es un hecho? ¡Nada más que una posibilidad entre miles que se manifestó empujada por pasiones, creencias y pensamientos elegidos de manera arbitraria e inconsciente! Y al ver los hechos, ¿qué hacemos? Vemos en ellos la manifestación de nuestras pasiones, creencias y pensamientos que no tienen sin embargo nada que ver con aquéllos que los produjeron. Tan arbitrarios son nuestros actos, como arbitraria es la imagen que nosotros mismos nos hacemos de ellos. Y con qué placer, al narrar un acontecimiento, destacamos aquello que a la luz del día despreciamos porque todo lo que a la luz del día adoramos, resulta insípido al narrar un cuento.
¿No me crees? ¡Pruébalo! Pregunta a tu vecino si le gusta sufrir, si le atrae la miseria o el dolor. Ya sabes qué te va responder. ¿Que no?...¡¡claro!!. ¿Pero no lo has visto hace poco ir al entierro de la joven, hermosa princesa y no has notado con qué alborozo te contaba el dolor y desesperación del joven príncipe del reino vecino que se iba a casar con ella? Y aún más sabrosa fue la historia de la joven duquesa que se desvaneció al enterarse de la muerte de su joven amante, muerto en una batalla contra los moros o algo más salvaje todavía.

¡¡Qué sustanciosos son los cuentos sobre amores fracasados, la fortuna destruida o la guerra entre dos casas nobles; y cuanto más nobles, famosos y ricos son los protagonistas, más jugoso encontramos el relato!!
¡Y cuán aburridos encontramos los hechos que no vienen de lo más profundo del alma humana: la mejora en el funcionamiento de los molinos, los progresos que se hicieron en la distribución del agua, el adelanto en el arado, ahora de hierro y no de madera!
Y cuán mejor se nos cuentan estos hechos con arte, en el teatro. ¿No has visto las lágrimas en los ojos de tu vecina cuando vio la última obra de Lope de Vega en el teatro? ¡Qué dolores más ricos y contados con tanto arte! Y ¿no hemos visto en el capítulo catorce, si más pruebas necesitamos, como Vivaldo saboreaba los poemas hechos por Crisóstomo? ...Pues vamos a ver ahora con cuanto arte Cardenio, el loco de las montañas, nos cuenta sus desdichas, con qué arte y con qué rara mezcla de verdad y mentira.

La idea del cura y del barbero era, que el barbero disfrazado de doncella pidiera a Don Quijote que acudiera en su socorro, enderezando el entuerto que ella había sufrido para, de esta forma, llevarlo de vuelta a casa. Sancho Panza, sin embargo, creyó que se podría poner fin a los sufrimientos fantásticos con una respuesta fantástica de Dulcinea del Toboso. Supuso que bastaría con que él le dijera a Don Quijote, que la señora, que reinaba platónicamente en su corazón, cada día pensaba en su caballero andante.

Por eso, quería hablar primero sólo con Don Quijote y por eso dijo al cura y al barbero que esperasen hasta que volviera y se separaron al borde de aquel bosque donde Don Quijote sufría de manera fantástica y sin ninguna razón. Apenas se había alejado Sancho Panza cuando oyeron de repente un canto, tan hermoso y lindo que se quedaron los dos muy conmovidos.

Absorto en un sueño oscuro,
se me apareció su rostro hermoso;
y este rostro amado,
de repente, vivo estaba y no muerto.

Dulcemente me sonreía
y con su mano, señas me hacía.
Sus ojos negros, de lágrimas se llenaban;
y después, como perlas, por las mejillas caían.

Y viéndolo, yo también comencé a llorar,
cuando recordé lo que significa amar.
Tan fuerte es este amor,
que al morir éste, la misma muerte no es peor.

¡Cuán hermosa tristeza! ¡Qué arte! Poco importaba si la canción había surgido de un dolor real o ficticio, el resultado era hermoso. ¡Cuán irrelevante es el dolor que engendró tanta belleza!
¿Acaso nos interesan los huesos quebrados, las heridas mortales, las mujeres violadas, las casas destruidas cuando disfrutamos y nos regodeamos con la Odisea de Homero, la Eneida de Virgilio y el Cantar de Mío Cid, ya que todas estas obras se basan en hechos horribles?

Se acercaron a la fuente de esta música que convirtió el bosque en templo y vieron a Cardenio, el loco de las montañas, al que reconocieron inmediatamente por las descripciones que les había dado Sancho Panza en el viaje desde la venta hasta el bosque donde ahora estaban. El cura trató de consolarlo, dado que era su oficio, y también de convencerlo de que más valía que volviera a su casa.

¡No! - le respondió Cardenio - tan infeliz soy, que únicamente la muerte puede curar mis penas.

Esto es lo que adora la gente, la desesperación total, y más aún cuando se trata de alguien noble. El caso es curioso, porque Cardenio era hijo de padres bien, o sea no tenía problemas ni pesares que pudieran llamarse reales, su dolor era puro lujo y el lujo siempre atrae a la gente.
La primera parte de su desgracia ya la conocemos, amaba a la bella Lucinda, tan noble como él, más su padre le mandó que fuese a servir al duque Ricardo, para que hiciera compañía al hijo mayor de éste. Una vez allí, intimidó más con Fernando, el hijo menor, que tenía una historia con una hermosa campesina y al acabar esta historia era oportuno alejarse, así que se fueron a la aldea de donde provenía Cardenio.
Aunque esto ya lo sabíamos, no conocemos realmente los detalles, porque no podemos estar seguros de que Cardenio se lo contase a Don Quijote de manera correcta; no obstante, sí que tenemos una idea general; y el resto, podemos imaginárnoslo. Sabríamos ya el fin de la historia, si Don Quijote no se hubiese visto obligado a defender los valores de la caballería andante.
La primera parte que ya conocemos, no la vamos a contar de nuevo y el lector que la haya olvidado, tiene que volver al capítulo veinticuatro de esta historia verdadera, pues ésta es la ventaja de los libros, que en ellos, todo se presenta de manera bien estructurada y no como la vida, que siempre está mal estructurada y es tan caótica.

Sabemos ya, que cada uno cuenta la historia como mejor le parece; y nosotros, vamos a contarla tal cual Cardenio la hubo contado. Lo que pasó en realidad, no lo sabe nadie. Según Cardenio, así lo contó al cura y al barbero, Fernando se enamoró de Lucinda y subraya que ella, por su parte, no quería saber nada de Fernando. Si es cierto o no, no lo sabemos, porque claro está, que Lucinda no le habría confesado nunca a Cardenio que sus constantes poemas y cartas de amor tan sofisticadas, le aburrían sobremanera y que Fernando le pareció bastante divertido, un poco simplón puede ser, pero gracioso. Sea como fuere, el simplón se dio cuenta de que mientras Cardenio estuviese allí, no se llegaría al meollo de la cuestión y le propuso a Cardenio ir a la casa de su padre para coger algo de dinero que necesitaba para comprar seis caballos.

Tal como lo cuenta Cardenio él estaba obligado a hacer este viaje, insinúa que Fernando tenía el poder de ordenarle cosas, pero esto no pega muy bien con el resto, pues nos describe la buena relación que tenía con el hijo menor del duque y además, él estaba en su propia casa. Igualmente es posible que quisiera ausentarse para escribir un par de sonetos sobre los dolores que se sufren al estar lejos de la amada, porque a los poetas les gusta mucho más escribir un poema sobre un beso, que dar uno y no dudamos que era poeta. Igualmente no dudamos que Fernando no fuera poeta y que prefiriera que hubiese algo de carne en la sopa y le dio mucho gusto que Cardenio se ausentase, cualquiera que fuese la razón.
El resto está bien claro aunque Fernando lo contara después de otra manera que Cardenio aquí. Cuenta Cardenio, que en su ausencia Fernando reveló a Lucinda su eterno amor y que Lucinda no le hizo caso, pero que el muy ladino, pidió la mano de Lucinda al padre y que el padre consintió porque le pareció que siendo el padre de Fernando el duque Ricardo, era un buen partido. Lucinda, desesperada, así lo contó Cardenio, mandó a Cardenio una carta contándole lo que había pasado y que ella prefería darse muerte antes que casarse con Fernando. Cardenio volvió, así por lo menos nos lo cuenta, lo más rápido que pudo, lo que se contradice con la afirmación anterior de que él tenía que cumplir las órdenes de Fernando, porque si así hubiese sido, no habría podido volver, para estar presente en la boda, a la cual asistió escondido detrás de una cortina. Lo que en la boda veía, no se correspondía con la carta que le había escrito Lucinda antes; porque cuando el cura le preguntó si quería casarse con Fernando respondió, después de hesitar un poco, con un "sí".
Bueno, y después se desmayó, ¿pero esto qué significa? También puede ser que Lucinda quisiera realmente saber cómo funcionaba el amor carnal y que estuviese bastante harta de tantos sonetos y teorías amorosas y que Fernando le cayera bien. ¿Pero cómo librarse de este poeta pedante que se ausenta para escribir himnos, sonetos, elegías, cartas de amor y todo tipo de estrofas? Estaba hasta las narices de todo esto, es que todo le parecía muy exagerado y poco natural. Lo ideal para ella era vivir como Marcela, que los chicos se matasen por ella si querían, pero a ella, que la dejasen en paz. Y por eso inventó estos chismes de la carta, la boda, el desmayo, etc. Con este “si” logró dos cosas.

El uno, se ausentó para siempre y el otro, tenía tan mala conciencia que la dejó en paz el resto de su vida. Si no hubiesen sido tan complicadillos estos chicos, también se habría podido formar un trío, un menage à trois, como dicen esos franceses cabrones, mas parece que la idea no se le ocurrió a nadie. Sea como fuere, la historia no se termina aquí y continúa en los capítulos que siguen.


 

Kapitel siebenundzwanzig

Wie der Pfarrer und der Barbier ihre Absichten verwirklichten und andere Dinge, die in dieser wahren Geschichte erzählt werden

An die Verrückten

Gut ist es, verrückt zu sein
Immer, wenn es denn nicht langweilig ist.
Dumm der Verrückte, der Verrücktheiten imitiert,
nur die wahre Verrücktheit, die nie gesehen wurde,
die Verrücktheit, in langen Kämpfen erworben,
in einsamen Schlachten, in bevölkerten Gegenden,
dies Verrücktheit ist eine schöne Verrücktheit.
Diese Verrücktheit isit verrückt, weil sie bei Null beginnt,
das ist eine schöne Verrücktheit.
Die Verrücktheit, die bei Null beginnt,
die einer öden Seele entspringt,
das ist eine schöne Verrücktheit.
Die Verrücktheit, die bei Null begann,
um nach den Sternen zu greifen,
das ist eine schöne Verrücktheit.
Die besonnen Verrücktheit ist schön.
Doch diese sterile Verrücktheit,
die, von unbekannte Kräften getrieben,
sich dreht, ohne zu wissen was sie antreibt,
das ist eine schreckliche Verrücktheit.
Der schöne Verrückte, der weiß war er tut,
und der Vernünftige, hat keine Ahnung.

Wie weit ist die Wahrheit entfernt von all dem, was die Welt glaubt! Wie merkwürdig ist doch das menschliche Herz!

Wie viel mehr lernen wir über die Wahrheit der Taten, durch die Art, wie sie erzählt werden, als durch die Ereignisse selbst!

Was ist eine Tatsache? Nichts anderes als eine Möglichkeit unter vielen, die sich offenbart hat, angetrieben von Leidenschaften, vom Glauben und von Gedanken, die willkürlich und unbewusst gewählt wurden! Und wenn wir die Tatsachen sehen, was tun wir? Wir sehen in ihnen die Manifestierung unserer Leidenschaften, unseres Glaubens und unserer Gedanken. So willkürlich sind unsere Handlungen, wie das Bild, das wir uns von ihnen machen. Mit welchem Vergnügen heben wir, wenn wir eine Geschichte erzählen, das hervor, was wir bei Tageslicht verachten, denn all das, was wir bei Tageslicht verachten, erscheint fade, wenn wir eine Geschichte erzählen.

Du glaubst mir nicht? Probier es aus! Frag deinen Nachbarn, ob er gerne leidet und ob ihn der Schmerz und das Elend anzieht. Du weißt schon, was er dir antworten wird. Natürlich nicht! ...Klar! Doch hast du ihn nicht vor kurzem beim Begräbnis der jungen, schönen Prinzessin gesehen, hast du nicht bemerkt, mit welcher Freude er dir von dem Schmerz und der Verzweiflung des jungen Prinzen des Königreiches, der sich mit dieser vermählen sollte, erzählte. Und noch köstlicher war die Geschichte der jungen Herzogin, die ihn Ohmacht fiel, als sie vom Tod ihres jungen Liebhabers erfuhr, der in einer Schlacht gegen die Araber gefallen ist oder noch etwas Wilderes.

Wie schmackhaft sind die Geschichten über gescheiterte Liebschaften, vernichtetes Vermögen oder über den Krieg zwischen zwei verfeindeten Adelsfamilien. Und je adeliger, vermögender und reicher die Protagonisten sind, desto köstlicher finden wir die Geschichte.

Und wie langweilig sind all die Geschichten, die nicht aus dem Tiefsten der menschlichen Seele kommen. Die Verbesserung der Technik der Mühlen, die Fortschritte, die bei der Verteilung des Wassers gemacht werden, die Fortschritte beim Pflug, früher aus Holz jetzt aus Eisen.

Und um wie viel besser werden die Geschichten mit Kunst im Theater erzählt. Hast du nicht die Tränen in den Augen deiner Nachbarin gesehen, als sie das letzte Werk von Lope de Vega im Theater sah? Welch herrliche Schmerzen, die mit soviel Kunst erzählt werden! Und haben wir nicht, wenn es denn noch mehr Beweise bedarf, im vierzehnten Kapitel gesehen, welchen Genuss Grisóstomos Gedichte Vivaldo verschafft haben? ...Wir werden nun sehen, mit welcher Kunst Cardenio, der Verrückte der Berge, sein Unglück erzählt, mit welcher Kunst und mit welcher merkwürdigen Mischung aus Wahrheit und Lüge.

Der Priester und der Barbier hatten die Idee, dass Letzterer, als Jungfrau verkleidet, Don Quijote bitten solle, ihr zur Hilfe zu eilen und das Unrecht zu rächen, dass sie erlitten habe und ihn auf diese Art nach Hause zu bringen. Sancho Panza hingegen glaubte, dass man diesem fantastischen Leiden durch eine phantastische Antwort von Dulcinea del Toboso ein Ende setzen könne. Er nahm an, dass es reichen würde, Don Quijote zu sagen, dass die Herrin, die platonisch in seinem Herzen regierte, jeden Tag an ihren fahrenden Ritter dachte.

Deswegen wollte er mit Don Quijote erstmal alleine reden und deshalb sagte er zum Priester und zum Barbier, dass sie auf ihn warten mögen, bis er zurückkomme. Sie trennten sich am Rande des Waldes, wo Don Quijote auf phantastische Weise, ohne jeden Grund, litt. Kaum hatte sich Sancho Panza entfernt, da hörten sie einen Gesang, so schön und lieblich, dass beide gerührt waren.

Ich stand in dunkeln Träumen
Und starrte ihr Bildnis an,

Und das geliebte Antlitz
Heimlich zu lächeln begann.

Um ihre Lippen zog sich
Ein Lächeln wunderbar,
Mit ihrer Hand sie machte
Mir Zeichen immerdar.
Und ihre schwarzen Augen
Mit Tränen füllten sich,
Die kullerten wie Perlen
Über ihr Angesicht.

Auch ich begann zu weinen,
Als ich dies alles sah,
und mich daran erinnerte, Was Liebe alles war.
So stark ist diese Liebe,
Dass,wenn sie einmal stirbt,
Nicht mal der Tod das Leiden +bertrifft.

Wie schön ist diese Traurigkeit! Welche eine Kunst! Völlig unwichtig ist es, ob diesem Lied eine realer oder fiktiver Schmerz zugrunde lag, das Resultat war wunderschön. Wie unwichtig der Schmerz, der eine solche Schönheit hervorbringt!

Interessieren uns etwa die gebrochenen Knochen, die tödlichen Wunden, die vergewaltigten Frauen, die zerstörten Häuser, wenn wir die Odyssee des Homer, die Äneis des Vergil oder den Cantar de mio Cid genießen, alles Werke, die auf entsetzlichen Ereignissen gründen.

Sie näherten sich der Quelle, aus der diese Musik, die den Wald in einen Tempel verwandelte, entströmte und sahen Cardenio, den Verrückten der Berge, den sie, aufgrund der Beschreibungen, die sie von Sancho Panza während der Reise erhalten hatten, sofort erkannten. Der Pfarrer versuchte ihn zu trösten, das war ja seine Aufgabe, und ihn zu überreden, nach Hause zurück zu kehren.

„Nein!“, antwortete Cardenio, „so unglücklich bin ich, dass allein der Tod meine Leiden lindern kann.“

Das ist es, was den Leuten gefällt, die totale Verzweiflung und dies umso mehr, wenn es sich um einen Adeligen handelt. Der Fall ist eigenartig, weil Cardenio Sohn wohlsituierter Eltern war, er hatte also nichts, was man ein reales Problem oder Leiden nennen könnte, sein Schmerz war der reine Luxus und der Luxus zieht die Leute immer an.

Den ersten Teil seines Unglücks kennen wir schon, er liebte die schöne Luscinda, die, wie er, dem Adel entstammte, doch sein Vater hatte ihn zum Herzog Ricardo geschickt, damit er dessen älterem Sohn Gesellschaft leiste. Einmal dort, freundete er sich mit Fernando an, dem jüngeren Sohn, der ein Liebesverhältnis mit einer schönen Bäuerin hatte und als diese Geschichte zu Ende ging, war es günstig, sich zu entfernen, weshalb sie in das Dorf gingen, aus dem Cardenio stammte.

Auch wenn wir dies alles bereits wissen, so kennen wir doch nicht die Details, weil wir nicht sicher wissen können, ob Cardenio Don Quijote die Geschichte richtig erzählt hat. Trotzdem haben wir eine allgemeine Vorstellung und den Rest können wir uns denken. Wir wüssten auch schon das Ende der Geschichte, wenn Don Quijote sich nicht verpflichtet gefühlt hätte, die Werte der fahrenden Ritterschaft zu verteidigen.

Den ersten Teil, den wir bereits kennen, werden wir nicht noch mal erzählen und die Leser, die ihn vergessen haben, mögen zum Kapitel vierundzwanzig dieser wahren Geschichte zurückkehren, denn hierin besteht der Vorteil der Bücher. Diese stellen alles in gut strukturierter Form dar, sind also nicht wie das Leben, das immer schlecht strukturiert und chaotisch ist.

Wir wissen bereits, dass jeder die Geschichte so erzählt, wie es ihn am besten dünkt und wir werden sie so erzählen, wie Cardenio sie erzählt hat. Was wirklich passiert ist, weiß niemand. Folgt man Cardenio und seiner Version der Geschichte, so wie er sie dem Priester und dem Barbier erzählte, verliebte sich Fernando in Luscinda, wobei er unterstreicht, dass diese nichts von Fernando wissen wollte. Ob das wahr ist oder nicht, wissen wir nicht, doch sicher ist, dass Luscinda Cardenio gegenüber nie zugegeben hätte, dass seine ständigen gedrechselten Gedichte und Liebesbriefe, sie über alle Maßen langweilten und sie Fernando ziemlich witzig fand. Ein bisschen einfach gestrickt vielleicht, aber witzig. Sei dem wie dem sei, dem Einfältigen war klar, dass es, solange Cardenio anwesend war, keine Möglichkeit gab, zum Mark der Geschichte vorzustoßen. Deshalb schlug er Cardenio vor, dass er zum Hause seines Vaters gehen solle, um dort das Geld zu holen, das er für den Kauf von sechs Pferden benötigte.

So wie Cardenio es erzählt, war er verpflichtet, diesem Wunsch nachzukommen. Er deutet an, dass Fernando die Macht gehabt habe, ihm irgend etwas zu befehlen, was aber wiederum nicht gut mit dem Rest zusammenpasst, denn er beschreibt uns ja andererseits, welch freundschaftliche Beziehung er mit dem jüngeren Sohn des Herzogs hatte und des weiteren war er in seinem eigenen Haus. Genau so gut möglich ist folglich, dass er abwesend sein wollte, um so ein paar Sonette über den Schmerz zu schreiben, den man empfindet, wenn man entfernt von seiner Geliebten ist, denn den Dichtern gefällt es nun mal wesentlich mehr, ein Gedicht über einen Kuss zu schreiben, als einen zu geben und daran, dass er ein Dichter war, zweifeln wir nicht. Gleichermaßen bezweifeln wir nicht, dass Fernando kein Dichter war, und dass er etwas Fleisch in der Suppe vorzog und es ihn folglich freute, dass Cardenio sich verabschiedete, was immer auch der Grund sein möge.

Der Rest ist dann klar, auch wenn Fernando es später auf eine andere Art erzählen wird, als Cardenio hier. Cardenio erzählt, dass Fernando in seiner Abwesenheit Luscinda seine ewige Liebe offenbarte und Luscinda ihn zurückstieß, dass der Gewitzte aber dann beim Vater von Luscinda um deren Hand anhielt und der Vater sie ihm gab, weil ihm dies, da ja der Vater von Fernando der Herzog Ricardo war, eine gute Partie zu sein schien. Luscinda schickt daraufhin Cardenio, das ist das, was Cardenio erzählte, einen Brief und erzählte ihm, was vorgefallen war und sie es vorzog zu sterben, als sich mit Fernando zu verheiraten. Cardenio kam, das zumindest erzählt er, so schnell wie möglich zurück. Dies wiederum widerspricht der anfangs gemachten Behauptung, dass er die Befehle Fernandos ausführen musste, denn wenn dem so wäre, dann hätte er nicht zurückkommen können und so der Hochzeit, versteckt hinter einem Vorhang, beizuwohnen. Was er dann bei der Hochzeit sah, entsprach nicht dem, was ihm Luscinda geschrieben hatte, denn als der Priester sie fragte, ob sie Fernando heiraten wollte, antwortete sie, nach einem kurzen Zögern, mit einem "ja".
Gut, und dann ist sie in Ohnmacht gefallen. Doch was bedeutet dies? Genau so gut ist es möglich, dass Luscinda tatsächlich wissen wollte, wie das mit der fleischlichen Liebe funktionierte und von den ganzen Sonetten und Liebestheorien reichlich die Schnauze voll hatte und Fernando ihr ganz gut gefiel. Doch wie sollte man diesen pedantischen Dichter, der sich verabschiedete um Hymnen, Sonette, Elegien, Liebesbriefe und alles möglich zu schreiben loswerden? Sie hatte von dem allem die Schnauze voll, weil ihr das alles überspannt und unnatürlich vorkam. Das Ideal für sie war, wie Marcela zu leben, dass die Jungs sich wegen ihr umbrächten, sie aber in Ruhe ließen. Und deshalb hat sie sich das mit dem Brief, der Heirat, der Ohnmacht etc. ausgedacht. Mit diesem "ja" erreichte sie zwei Dinge.

Der Eine entfernt sich für immer und der Andere hatte ein so schlechtes Gewissen, dass er sie für den Rest ihres Lebens in Ruhe ließ. Wenn die zwei Jungs nicht so kompliziert gewesen wären, dann hätte man auch ein Trio machen können, un menage à trois, wie die Franzosen, diese Schurken, sagen, doch diese Idee kam offensichtlich niemandem in den Sinn. Sei dem wie dem sei, die Geschichte ist hier noch nicht zu Ende und geht in den folgenden Kapiteln weiter.