Capítulo quincuagésimo

De las discretas altercaciones que Don Quijote y el canónigo tuvieron, con otros sucesos

Muchas veces hemos visto ya cuán discreto puede ser Don Quijote de la Mancha, cuán discreta la locura y cuán sagaz las astucias locas que la locura defiende cuando ella se contradice a sí misma o es agredida por la realidad, pero nunca hemos visto a Don Quijote cuando el fundamento de su existencia estaba en riesgo o cuando se dudaba de la veracidad de lo que cuentan los libros de caballería.
Ya sabemos que las fuerzas crecen con el peligro y cuánta gente hemos visto, gente mansa y dócil, convertirse en auténticas fieras cuando se encuentran ante un peligro. Pero nunca, hasta ahora, hemos visto a un Don Quijote, atacado en lo más íntimo de su ser, de su existencia. ¡Dijo el canónico que era mentira lo que decían estos libros! Le dijo que él, Don Quijote no sólo cometía locuras, sino que incitaba a otra gente a cometerlas, refiriéndose obviamente a Sancho Panza. ¿Cómo aniquilar a este enemigo? ¿Cómo hacerle caer para siempre? ¡Devolverle con la misma moneda!

En esta infernal batalla Don Quijote no hizo uso ni de la espada, ni de su lanza, porque era imposible. Aniquiló al enemigo con palabras. Como una sinfonía comenzó su argumentación, suave, despacio, aumentando poco a poco, hasta llegar al final furioso, dejando el enemigo destrozado y vencido para siempre en el suelo.

- Mirad mi señor canónigo - comenzó Don Quijote. Es verdad que Sancho Panza me siguió y es verdad que yo partí porque creo que todo lo que dicen los libros de caballería es cierto. No vamos a discutir ahora sobre la veracidad de los libros de caballería, porque no parece muy sensato hacerlo, sabiendo yo mucho, porque los he leído todos y vos muy poco, por no decir nada.
Vamos a hablar de otro libro de caballería, un libro que vos conocéis tan bien como yo, para que haya paridad de armas, porque ningún caballero andante va a aniquilar a alguien que no posee las mismas armas o que se halle en inferioridad de condiciones, porque ninguna fama se conquista, luchando contra un enemigo débil. Hablemos si le parece sobre la Biblia. ¿Qué se nos cuenta en la Biblia, que usted conoce de memoria? Judío era nuestro señor Jesucristo y el pueblo judío, cuyos antepasados eran los hijos de Jacobo, que se fueron a Egipto para no morir de hambre y para vivir donde su hermano José vivía, como esclavo vivía en Egipto. Quiso el faraón que se matara a todos los varones recién nacidos, porque a pesar de que eran esclavos, eran muchos; no obstante, Moisés sobrevivió a tal matanza. Y así dice la Biblia.

Biblia, Éxodo 2, (5) Y la hija de Faraón descendió á lavarse al río, y paseándose sus doncellas por la ribera del río, vio ella la arquilla en el carrizal, y envió una criada suya á que la tomase. (6) Y como la abrió, vio al niño; y he aquí que el niño lloraba. Y teniendo compasión de él, dijo: De los niños de los Hebreos es éste.

¿Podéis vos negar, mi querido señor Canónigo, que esto parece como sacado de un libro de caballería? ¿Y qué pruebas me puede dar de que esto sea cierto? ¿Creéis que fuese justamente la hija del Faraón la que encontrase esta arquilla? ¿Por qué no una campesina cualquiera que trabajaba a orillas del Nilo? ¿Y no es una necedad lo que hizo Moisés después?

Biblia, Éxodo 2 (11) Y en aquellos días acaeció que, crecido ya Moisés, salió á sus hermanos, y vio sus cargas: y observó á un Egipcio que hería á uno de los Hebreos, sus hermanos. (12) Y miró á todas partes, y viendo que no parecía nadie, mató al Egipcio, y escondió lo en la arena.

Os burláis de que yo liberé al mozo del campesino, porque no sirvió para nada al mozo, porque su amo lo azotó aún más fuerte, habiéndole yo ofendido. ¿Y por qué no se burla usted de Moisés? ¿No iban a castigar los egipcios a los judíos por aquel asesinato?
Y ¿va a decirme que cuando creyó ver a Jehová en la zarza vio otra cosa que molinos de viento siendo gigantes?

Biblia, Éxodo 3 (2) Y apareciósele el Ángel de Jehová en una llama de fuego en medio de una zarza: y él miró, y vio que la zarza ardía en fuego, y la zarza no se consumía.

Escuchad señor lo que os digo. Este Moisés estaba hasta las narices de cuidar las ovejas de su suegro. Cualquier cosa, incluso una locura como la de ver a Jehová ardiendo en la zarza, era mejor que la realidad que no podía soportar más. Si yo tomé molinos de viento por gigantes, lo que sostiene Sancho Panza, entonces en la zarza ésa no había otra cosa que un trapo que se movía por el viento y tantas ganas tenía Moisés de ver en ese trapo a Jehová, como yo de ver en los molinos de viento gigantes.
Y viéndolo de esta manera, vos sois un Sancho Panza todavía más raro que mi escudero. ¿Y me reprocháis que haya prometido a Sancho Panza una isla en un país lejano, desconocido para que me siguiese? Y vos, mi muy estimado clérigo, ¿a quién seguís?

Biblia, Éxodo 3, (17) Y he dicho: Yo os sacaré de la aflicción de Egipto á la tierra del Cananeo, y del Hetheo, y del Amorrheo, y del Pherezeo, y del Heveo, y del Jebuseo, á una tierra que fluye leche y miel.

Ésta era la promesa: una tierra donde fluye leche y miel. Si tenéis problema con la isla, entonces sígame a la tierra donde fluye leche y miel, la diferencia es tan pequeña, que me da igual. Pero tan desesperado estaba el pueblo judío viviendo en la esclavitud en Egipto, que siguieron a este loco que quería conquistar la fama a costa de lo que fuese.

Biblia, Éxodo 3, (18) Y oirán tu voz; é irás tú, y los ancianos de Israel, al rey de Egipto, y le diréis: Jehová, el Dios de los Hebreos, nos ha encontrado; por tanto nosotros iremos ahora camino de tres días por el desierto, para que sacrifiquemos á Jehová nuestro Dios.

¡Vaya! Antes, nadie había jamás oído nada de este Dios, pero ya tenía sus reglas que se asemejan bastante a las que se recogen en los libros de caballería. Había que ir a una tierra apartada para hacer penitencia. Dirás tú que hay una gran diferencia entre hacer penitencia en honor a la sin par Dulcinea del Toboso o hacerla por Jehová. Yo diría que la primera es tan inexistente como el segundo y si mi escudero se llama Sancho Panza, entonces todos los cristianos se llaman así.
Me vas a responder que Moisés dio prueba de la existencia de Jehová, porque al pueblo judío todavía quedaba un resto de cordura.

Biblia, Éxodo 4, (3) Y él le dijo: Échala en tierra. Y él la echó en tierra, y tornóse una culebra: y Moisés huía de ella.(4) Entonces dijo Jehová á Moisés: Extiende tu mano, y tómala por la cola. Y él extendió su mano, y tomóla, y tornóse vara en su mano. (5) Por esto creerán que se te ha aparecido Jehová, el Dios de tus padres, el Dios de Abraham, Dios de Isaac, y Dios de Jacob.

No dudo que bien poco hace falta para convencer a alguien que quiere ser convencido de modo que incluso un truco como éste bastaba. ¿Pero no he dado yo prueba de la fuerza de mi brazo tirando al escudero de la dama de su caballo, matándolo casi, si la dama no me hubiese pedido que lo dejara vivo? ¿No es, la prueba que yo he dado, más clara que la de este Moisés y su culebra?

Y así continuó Don Quijote nombrando todas las promesas quijotescas de Dios, los milagros, los acontecimientos ocurridos por arte de magia, nombrándole a los Sancho panzas de la Biblia, que siguieron a su Don Quijote cuando las cosas le iban bien y quejándose cuando andaban mal.

Acabó su soliloquio diciéndole que él no dudaba que todo lo que está escrito en la Biblia era cierto, pero que había que admitir, que la Biblia no es otra cosa que un libro de caballería; y que, por lo tanto, tan verosímiles eran los hechos contados en ella como lo eran los hechos que se cuentan en los libros de caballería.

Y con esta frase, que cito literalmente Cide Hamete Benegeli, cerró la boca del canónigo para siempre.

- ¡Calle vuestra merced, no diga tal blasfemia!

Sí, blasfemia llamaba Don Quijote las invectivas contra los libros de caballería y con pleno derecho lo hacía. Si se condena los libros de caballería, también se condena la Biblia, porque la Biblia es la madre de los libros de caballería.

 

Kapitel fünzig

Von den scharfsinnigen Zwiegesprächen, die Don Quijote mit dem Geistlichen hatte und anderen Ereignissen

Wir haben schon oft gesehen, wie scharfsinnig Don Quijote de la Mancha sein konnte, wie scharfsinnig die Verrücktheit und wie gewitzt die verrückten Listen, die die Verrücktheit verteidigen, wenn diese sich in Widersprüche verstrickt oder von der Realität angegriffen wird, doch wir haben Don Quijote noch nie erlebt, wenn das Fundament seiner Existenz bedroht wurde, wenn also an der Wahrhaftigkeit dessen, was in den Büchern über die fahrenden Ritter geschrieben steht, gezweifelt wird.
Wir wissen, dass die Kräfte mit der Gefahr wachsen und wie viele Leute haben wir nicht schon gesehen, zahme und brave Leute, die sich in der Gefahr zu wilden Bestien verwandelt haben. Doch noch nie, haben wir bislang einen Don Quijote gesehen, der auf eine Art angegriffen wird, die das Mark seiner Existenz bedrohte. Der Geistliche sagte, dass alles, was in den Büchern über die fahrenden Ritter stehe, nichts als Lüge sei! Er sagte, dass Don Quijote nicht nur Verrücktheiten begehe, sondern auch andere Leute anstiftete, es ihm gleich zu tun, wobei er sich offensichtlich auf Sancho Panza bezog. Wie einen solchen Feind vernichten? Wie ihn für immer zum Schweigen bringen? Indem man ihm mit gleicher Münze bezahlte!

In dieser höllischen Schlacht benutzte Don Quijote weder sein Schwert noch seine Lanze, denn dies war unmöglich. Er vernichtete den Feind mit Worten. Wie eine Symphonie begann seine Argumentation, sanft, langsam, wurde dann stärker, immer stärker, bis sie beim furiosen Finale anlangte, das den Feind in Fetzen riss und für immer auf den Boden warf.

„Schaut, mein Herr Geistlicher“, begann Don Quijote, „es ist richtig, dass Sancho Panza mir folgte, wahr ist auch, dass ich ausritt, weil ich der Meinung bin, dass alles, was in den Ritterbüchern steht, wahr ist. Wir wollen jetzt nicht über die Wahrheit der Ritterbücher streiten, denn dies scheint nicht besonders vernünftig, da ich davon viel verstehe, ich habe sie nämlich alle gelesen, und Ihr sehr wenig, um nicht zu sagen nichts. Lasst uns von einem anderen Ritterbuch sprechen, einem Buch, das Ihr so gut kennt wie ich, damit Waffengleichheit herrsche, denn kein fahrender Ritter wird jemanden vernichten, der nicht über dieselben Waffen verfügt oder sich in einer geschwächten Position befindet, denn man erlangt keinen Ruhm, wenn man gegen einen schwachen Feind kämpft. Lasst uns über die Bibel sprechen. Was erzählt uns die Bibel, die Sie auswendig kennen? Jude war unser Herr Jesus Christus und das jüdische Volk, dessen Vorfahren die Kinder Jakobs waren, die nach Ägypten zu ihrem Bruder Joseph gingen, um dem Hunger zu entrinnen, lebte in Ägypten in der Sklaverei. Der Pharao wollte, dass alle männlichen Erstgeborenen getötet würden, denn obgleich sie Sklaven waren, so waren es doch viele. Trotzdem überlebte Moses. So steht es geschrieben.

Bibel, Exodus, 2, (5): Und die Tochter des Pharaos ging hernieder und wollte baden im Wasser; und ihre Jungfrauen gingen an dem Rande des Wassers. Und da sie das Kästlein im Schilf sah, sandte sie ihre Magd hin und ließ es holen. (6) Und da sie es auftat, sah sie das Kind; und siehe, das Knäblein weinte. Da jammerte es sie, und sprach: Es ist der hebräischen Kindlein eins.

Könnt ihr verneinen, dass dies klingt, also ob es einem Buch über die fahrenden Ritter entnommen? Welchen Beweis könnt ihr liefern, dass dies wahr ist? Ihr glaubt, es sei ausgerechnet die Tochter des Pharaos gewesen, die diesen Korb sahen? Warum nicht irgendeine Bäuerin, die an den Ufern des Nils arbeitete? Und war es nicht eine große Dummheit, was Moses dann tat?

Bibel, Exodus 2 (11): Zu den Zeiten, da Mose groß geworden war, ging er aus zu seinen Brüdern und sah ihre Last und ward gewahr, daß ein Ägypter einer seiner Brüder schlug, der Hebräischen, einen. (12) Und er schaute hin und her, und da er sah, daß kein Mensch da war, erschlug er den Ägypter und verscharrte ihn im Sand.

Ihr lacht über mich, weil ich den Jungen aus den Klauen des Bauern befreit habe, denn es hat ihm nicht geholfen, denn sein Herr peitschte ihn noch heftiger, da ich ihn beleidigt hatte. Doch warum spottet ihr nicht über Moses? Haben die Ägypter nicht die Juden wegen dieses Totschlags bestraft? Und werden Sie mir sagen, dass das, als er Jehova im Dornbusch zu sehen glaubte, etwas anderes ist, als in Mühlen Giganten zu sehen?

Bibel, Exodus 3 (2) Und der Engel des HERRN erschien ihm in einer feurigen Flamme aus dem Busch. Und er sah, daß der Busch im Feuer brannte und doch nicht verzehrt wurde

Hört mein Herr, was ich Euch sage. Dieser Moses hatte die Schnauze vom Hüten der Schafe seines Schwagers gestrichen voll. Alles, sogar die Verrücktheit, Jehova brennend im Busch zu sehen, war besser als die Realität, die er nicht mehr ertrug. Wenn ich Windmühlen für Giganten nahm, was Sancho Panza behauptet, dann war in dem Busch lediglich ein Stofffetzen, der sich im Wind bewegte und der Wunsch Moses, in diesem Stofffetzen Jehova zu erkennen, war so groß wie der meine, in den Windmühlen Giganten zu sehen. Und wenn man die Dinge so betrachtet, dann seid ihr ein noch seltsamerer Sancho Panza als mein Knappe. Und ihr werft mir vor, dass ich Sancho Panza eine Insel in einem weit entfernten, unbekannten Land versprochen habe? Und Ihr, mein verehrter Geistlicher, wem folgt Ihr?

Bibel, Exodus 3 (17): Und ich habe gesagt: Ich will euch aus dem Elend Ägyptens führen in das Land der Kanaaniter, Hethiter, Amoriter, Pheresiter, Heviter und Jebusiter, in das Land, wo Milch und Honig fließt.

Dies war das Versprechen: Das Land, wo Milch und Honig fließt. Wenn ihr ein Problem mit der Insel habt, dann folgt mir in das Land, wo Milch und Honig fließt, der Unterschied ist nicht besonders groß, das ist mir egal. Doch so verzweifelt war das jüdische Volk, das in der Sklaverei lebte, dass es diesem Verrückten folgte, der koste es was es wolle, Ruhm erwerben wollte.

Bibel, Exodus 3 (18) : Und wenn sie deine Stimme hören und du, und die Ältesten von Israel, zum König von Ägypten gehen und zu ihm sagen wirst: Der HERR, der Gott der Hebräer, hat uns gerufen. So laßt uns nun drei Tagereisen in die Wüste gehen, daß wir opfern unserm Gott.

Na! Noch nie hatte man von diesem Gott etwas gehört, doch schon hatte er Regeln, die denen ähneln, die wir auch in den Ritterbüchern finden. Sie sollten in eine abgelegene Gegend gehen, um dort Buße zu tun. Du wirst sagen, es sei ein großer Unterschied, ob man Buße tut zu Ehren der unvergleichlichen Dulcinea del Toboso oder zu Ehre oder zu Ehren von Jehova. Ich würde sagen, die Erstere ist so inexistent wie der Zweite und wenn mein Knappe Sancho Panza heißt, dann heißen alle Christen so. Du wirst sagen, dass Moses einen Beweis für die Existenz Jehovas gab, denn dem jüdischen Volk verblieb noch ein Rest an Verstand.

Bibel, Exodus 4 (3) Er sprach: Wirf ihn vor dir auf die Erde. Und er warf ihn von sich; da ward er zur Schlange, und Moses floh vor ihr. (4) Aber der HERR sprach zu ihm: Strecke deine Hand aus und erhasche sie bei dem Schwanz. Da streckte er seine Hand aus und hielt sie, und sie ward zum Stab in seiner Hand. (5) Darum werden sie dir glauben, dass dir Jehova, der Gott deiner Väter, der Gott Abrahams, der Gott Isaaks und der Gott Jakobs erschienen ist.

Ich zweifle nicht, dass es nur wenig braucht, um jemanden zu überzeugen, der überzeugt werden will, so dass selbst ein Trick wie dieser reichte. Doch hab nicht auch ich Proben meiner Kraft gegeben, als ich den Knappen der Dame zu Boden warf und fast tötete, wenn nicht die Dame mich gebeten hätte, ihn am Leben zu lassen? Ist nicht der Beweis, den ich gegeben habe, eindeutiger als der des Moses und seiner Schlange?“

Und so fuhr Don Quijote fort, alle quijotesken Versprechungen Gottes aufzuzählen, die Wunder, die Ereignisse, die durch Zauberei herbeigeführt worden waren, nannte ihm alle Sancho Panzas der Bibel, die ihrem Don Quijote folgten, wenn es ihnen gut ging und klagten, wenn es ihnen schlecht ging.

Er beendete seinen Vortrag mit der Bemerkung, dass er nicht daran zweifele, dass alles, was in der Bibel stehe wahr sei, doch dass man zugeben müsse, dass die Bibel nichts anderes als ein Buch über die fahrenden Ritter sei und dass deshalb die Ereignisse, die in dieser erzählt würden so wahrscheinlich seien wie die, die in den Ritterbüchern erzählt würden.

Und mit diesem Satz, den Cide Hamete Benengeli wörtlich zitierte, stopfte er dem Geistlichen das Maul für immer.

„Schweigen Sie, Eure Hoheit, und hören Sie auf mit Ihrer Blasphemie!“

Ja, Blasphemie nannte Don Quijote die Schmähungen gegen die Ritterbücher und er tat das mit gutem Recht. Verdammt man die Bücher über die fahrenden Ritter, dann verdammt man auch die Bibel, denn die Bibel ist die Mutter aller Ritterbücher.